Pleitos que Marcan

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  • Mudanzas Viscerales
  • La Pobreza Política

La única diferencia entre un político peleonero y un chivo en cristalería, desatado para convulsionar cristales se entiende, es que el segundo actúa por instinto y el primero procede bajando un peldaño en la jerarquía de los seres racionales. No es poco frecuente que los humanos opten por los roles de los animales cuando se dicen incomprendidos por el mundo y por ende inadaptados. Y en la perspectiva actual, bajo el fuego de las vendettas cruzadas y la violencia en crecida, la bestialidad está apoderándose de distintos entornos sin que los supuestos garantes de la justicia, dentro del gobierno claro aunque ahora se percibe la ausencia del mismo, puedan siquiera amortizar la tendencia.

Mala cosa es que en un entorno así, bajo el fuego de las ejecuciones y los secuestros cotidianos, los políticos sólo sean capaces de crispar todavía más a una sociedad atenaceada por el bestialismo y la cobardía institucional que inhibe a quienes tienen el deber de preservar la seguridad del colectivo. Por una parte, las mafias se reacomodan convirtiendo en rutinas sus permanentes enfrentamientos; por la otra, los partidos caminan hacia su escisión a golpes de hondo divisionismos irreconciliables, corrompiéndose moral, social y económicamente. ¿Cuántos de los partidos minoritarios han sido más bien filones en manos de oportunistas mercenarios? Basta acercarnos a los clanes familiares que los sostienen para corroborarlo.

En esta línea hablamos ayer de los virus que afectan y alteran terriblemente el ejercicio del poder en México. Los nombramos con nombres y apellidos de quienes, como protagonistas, se han exhibido como los elementos perniciosos que los han desarrollado dentro de la carcomida estructura gobernante. Faltaron no pocos. Tampoco citamos los síndromes que afectan a los grupos opositores, integrados al andamiaje del establishment aun cuando se quejen de éste -diputados y senadores, como miembros del Legislativo, conforman uno de los tres poderes de la Unión y no pueden negar a los otros dos que entrañan el gobierno mismo de la nación-, desde que el PRI debió sentarse al otro lado de la mesa, en apariencia, una vez terminada la larga noche de siete décadas de su hegemonía.

No son pocos y citaremos algunos:

  1. El “Labastida” -algunos quisieran nombrarle “la vestida” pero el término es demasiado rudimentario-, en honor a Francisco, el ex candidato presidencial derrotado en 2000, caracterizado por la obsesión de creer que se cuenta con un “capital político enterrado” y listo a ser rescatado. Es una rutina propia de los “muertes vivientes” que cubren las programaciones de los cinéfilos apasionados por el terror aunque sea grotesco. Imaginémonos el contexto, esto es un enorme panteón en donde reposan los cadáveres políticos y en medio de ellos el personaje central clamando por sentirse humano. Terrorífico.
    Así actúa ahora, Francisco, el último “delfín” del priísmo bajo la tutela del simulador Ernesto Zedillo, visto como un gran traidor por no pocos institucionales quienes, sin embargo, no se atreven a exigir un juicio contra el personaje que los condujo al averno de la disidencia. Se nutre de su condición de Senador, conquistada sin apenas mostrarse en campaña -con la presidencial tuvo bastante- y como muestra del penoso apego de su partido a las mafias del pasado, para mantenerse vivo, aunque esté muerto, acariciando quimeras y haciendo creer a los demás que ha superado el trauma inevitable del fracaso monumental. 2.- El “Martínez Cázares”, como Germán el flamante presidente del PAN, cuyos síntomas terribles se revelan cuando se debe ser presidencialista simulando ser democrático. Lo nombro así sólo para actualizar el padecimiento, muy arraigado durante el viejo priísmo cuando la disciplina era factor dominante para asegurar la preeminencia de la figura central a costa de erradicar las iniciativas individuales y los consiguientes liderazgos naturales. Pero ahora el padecimiento cuenta con un ingrediente agregado: la incapacidad de ejercer el control interno, esto es dentro del partido gobernante, por efecto de la vulnerabilidad del mandato presidencial. Sucede que el terrible virus produce arterosclerosis y atrofia los vasos sanguíneos hasta la pérdida total de sensibilidad. Es muy doloroso.
  2. El “González Torres”, designado para recordar siempre a Jorge, el fundador del Verde Ecologista, hermano del “doctor Simi” que no cesa en sus campañas mediáticas esperando turno para el 2012 y padre del más célebre junior de la política actual, el “niño verde”. El diagnóstico marca lo irreversible del mal: la mente se obnubila hasta provocar, primero, amnesia y después el mal de Alzheimer con pérdida absoluta de la identidad. Así, claro, un antiguo cazador furtivo puede convertirse en defensor de los animales para preservarlos de la perversidad del género humano. Esto es como si los seres pensantes debieran desaparecer del planeta y del mundo para dejarles los espacios al reino de los irracionales protagonizando, en la vida real, el “Rey León” de Disney. Desde luego, el danzarín cachorro “Simba” sería Jorgito quien está obligado a perdonar a su entrañable tocayo Kahwagi, el farandulesco “boxeador” producto del mismo barro.
  3. Y no tiene caso abundar siquiera en el “Andrés Manuel” que impulsa a imponer la intransigencia anulando el razonamiento lo mismo que la puerilidad política destaza al sentido común. La enfermad que ocasiones es degenerativa: cada vez se está más solo aun cuando se crea que “todos los mexicanos” permanecen detrás y que los adversarios no pertenecen a la misma patria. Bien sabemos cuáles son las consecuencias.

Debate

Pero entre todos los síndromes que padece la clase política mexicana es el “Muñoz Ledo” el de mayor penetración en cuanto a que no se detiene en partidarismos ni en épocas -el pasado, el presente y hasta el futuro se mezclan en un cóctel por demás explosivo-, y se extiende peligrosamente como si la política fuera sólo pretexto para elevar la egolatría y considerarse el centro del universo. Nadie como Porfirio, quien le dio nombre, para certificarlo en el deplorable diagnóstico sobre el entrampamiento de la vida institucional.

Alguna vez nombré a Muñoz Ledo, el “Churchill mexicano” por su propensión a mudar de escenografías y de partidos con singular habilidad y hasta cierta gracia. Fue presidente nacional del PRI, lo mismo en el PRD, candidato presidencial del PARM y recién votado Vicente Fox en la lid de 2000 integró, cumplimentando al abanderado del PAN, la comisión para la proveer la reforma integral al Estado, una antigua propuesta que Luis Donaldo Colosio hizo suya en 1994, sin alcanzar resultado alguno salvo los del relumbrón. Y después retornó, con el rabo entre las piernas, a los alegres mitotes de la izquierda extremista bajo las arengas incesables e incansables de López Obrador. Todo un ciclo o, mejor dicho, un círculo vicioso.

Hace una semana, el personaje más voluble de los cuadrantes partidistas, fundador del PRD haciendo mancuerna con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en 1989 -no se olvide que entonces alcanzó la condición de senador por el Distrito Federal al impulso del Frente Democrático Nacional-, lanzó todas las andanadas contra quien fuera, por largo tiempo, su líder, precisamente el hijo del Tata, acusándolo de medrar, él y su familia -con lo que incluye a la descendencia del general Cárdenas del Río, hasta ahora una figura intocable para la izquierda- con concesiones de PEMEX destinadas a asegurar el apoyo a la reforma energética del régimen.

Desde luego, el virus acorta la vida de la lealtad o la supedita a la conveniencia pasajera. Porque, desde luego, el escenario descrito no corresponde al de un debate democrático, siempre oportuno, sino al de un cambo de batalla en donde no hay razones más que la fuerza de la virulencia y la intriga, a veces también de la calumnia, destinada a imponerse a cualquier razonamiento de la contraparte, sin medir antecedentes ni desenlaces. Porque, infortunadamente, en un ámbito marcado por la pulverización partidista y el sectarismo emanado de la misma, hay lugar siempre para los tránsfugas y los chantajistas. De hecho, en el PRD se les dio cabida cuando López Obrador, en su condición de dirigente nacional de este partido en 1998, optó por ampliar coberturas, según dijo, por la prisa de conquistar el poder como fuera. Y la limpieza posterior, prometida, se quedó en veremos.

El síndrome “Muñoz Ledo” es explicado por la filosofía popular con un dicho popular incontestable: mal le va a quien la emprende a patadas contra el pesebre.

El Reto

Ahora Muñoz Ledo se radicaliza. Este también es un síntoma indudable de la suficiencia. En 1989, cuando iniciaba la vida del PRD bajo la tutela del neocardenismo por él defendido, solía recrearse leyendo la cabeza de un diario estadounidense que le presentaba como “el senador”, esto como si fuera el único relevante del colegio, tras su primera hazaña legislativa: haber interpelado al presidente Miguel de la Madrid tras los fraudulentos comicios que otorgaron la “victoria” al usurpador Salinas. Como siempre, Porfirio, cuya cultura política es innegable, se pretendió el eje.

Por otra parte, es también evidente que el ingeniero Cárdenas ha contado de tiempo atrás, por herencia familiar las más, con concesiones de PEMEX para la explotación de gasolineras. Es algo así como los remanentes del tributo nacional al egregio expropiador del petróleo. Ello también se ha traducido en las heredades del clan, algunos de ellos verdaderos “latifundios” urbanos, en sentido contrario a la austeridad predicada por el “Tata” Lázaro. Desde luego tales son minucias que en nada deterioran la grandeza histórica del personaje. Pero ahora es necesario ventilarlas para no dejar nada al aire ni convertir el diferendo circunstancial entre Porfirio y el ingeniero Cárdenas en festín de cazadores de honras.

El síndrome, sí, se ha vuelto terriblemente ponzoñoso.

La Anécdota

De los ricos es el reino de la política. Carlos Hank González, el mayor de los empresarios-políticos a través de la hegemonía priísta, puntualizó alguna vez:

–Un político pobre es un pobre político.

La breve antología tiene continuidad ahora con una sentencia del Obispo de Ecatepec, el singular Onésimo Cepeda Silva:

–Soy un Obispo rico -dijo-, metido a pobre.

Una fórmula, por supuesto, que aplican no pocos postulantes a cargos de elección popular que invierten en sus campañas bastantes más de cuanto devengarán, de ser electos, en sus respectivas responsabilidades. Pierden, económicamente, desde la entrada, si bien el ejercicio del poder compensa ampliamente las erogaciones iniciales. No hay ex presidentes austeros y son muy pocos quienes, como el doctor Simi ya mencionado, son capaces de empobrecerse por el regusto de situarse bajo las candilejas de la atención ciudadana.

Además, no se olvide que el Obispo Cepeda fue fundador, en sus no tan lejanos días de financiero, del Grupo Inbursa, al lado de Carlos Slim nada menos, en donde colaboró igualmente con otro poderoso señor: Roberto Hernández, vendedor reciente de Banamex con la bendición de la derecha en el poder. Abundaremos.

WEB: www.rafaelloretdemola.com

Foto: Esmas

Esta anotación fue escrita el Thursday 27 de November, 2008 a las 7:20 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Nacional, Política.

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