Malos Pensamientos

Black box found from Mexico crash that killed 14, including minister

  • Urgen Indagaciones
  • Del Padre de Obama

En este mismo espacio, en septiembre de 2005, apenas unas horas después de verificarse la versión oficial sobre el fallecimiento “accidental” de Ramón Martín Huerta, en funciones de secretario de Seguridad Nacional y uno de los más cercanos amigos del entonces presidente Vicente Fox quien se refirió al suceso como una “muerte heroica”, sostuvimos nuestras dudas razonables considerando la posibilidad de que el helicóptero caído hubiera sido derribado como parte de los ajustes de cuentas entre las mafias, cada vez más insolentes, y el gobierno copado. Nos basamos en el improbable hecho de que el piloto optara por atravesar el mal tiempo en vez de rodearlo como hizo la aeronave que acompañaba a la colapsada.

Los precipitados hechos posteriores parecieron confirmar nuestras sospechas. El aparato en cuestión se precipitó a tierra como una “bola de fuego”, según los testigos, y pese a ello no generó incendio alguno en la sierra cercana a Xonacatlán a la que llegó, el primero y a caballo, el entonces subsecretario del ramo, Miguel Ángel Yunes Linares, veracruzano y uno de los personajes más cercanos a Elba Esther Gordillo. La fama de Yunes, por cierto, citado en no pocos casos tenebrosos, extendió las interrogantes. Insisto: el quemado fuselaje, reducido a cenizas, obligó a meditar sobre la posibilidad de una explosión, además porque los restos humanos quedaron esparcidos en un perímetro muy extenso.

La discusión parte de un hecho incontrovertible: por determinación de la Procuraduría General de la República, con el aval preciso de la Presidencia, la investigación pericial fue clasificada como “información reservada” durante doce años por lo que no se podrá tener acceso a la misma sino hasta 2017, esto es cuando la memoria colectiva flaquee y pocos se muestren interesados en abrir la posible causa criminal. ¿A quién se protege con ello?

Resulta obvio, entonces, por cuanto expresó el propio señor Fox, que el “heroísmo” de quien fue su amigo entrañable derivó de su condición de víctima de un atentado y por ello se explica el lapsus mental del mandatario. De tratarse de un simple accidente, claro, no habría lugar a tal precisión porque nada de glorioso tiene la fatalidad que a tantos abruma cotidianamente. Lo relevante, en términos de exaltación pública, es la ofrenda de la vida en la línea de fuego, esto es a manos de los grupos adversarios o de aquellos con operatividad suficiente para enviar mensajes dantescos a la superioridad política.

Decidí comenzar nuestro análisis diario con este antecedente que, en sí, tiene no pocas similitudes con el drama de Juan Camilo Mouriño Terrazo, designado secretario de Gobernación apenas en enero pasado causando con ello una seria polémica sobre su origen amen de la situación estratégica peculiar de una familia enriquecida a partir de generosas concesiones de la paraestatal PEMEX, cuya aeronave se precipitó a tierra el martes 4 poco antes de la siete de la tarde, en una hora pico y sobre una de las avenidas de mayor importancia vial de la capital del país.

Pero, desde luego, hay un elemento de enorme trascendencia: la muerte también de José Luis Santiago Vasconcelos, uno de sus siete acompañantes y elemento clave, durante dos décadas, del combate entre el gobierno y el narcotráfico, esto es más allá de infiltraciones severas y alianzas soterradas. Hablamos, sí, de un funcionario excepcional, por su valor y capacidad, cuyas aportaciones son infinitamente superiores a las del joven Mouriño, apretado en un corto lapso a la vera del señor Felipe Calderón, aunque entendemos el dolor del mandatario en funciones al perder al amigo entrañable.

La jerarquía política circunstancial de Mouriño, nacido en Madrid y de origen gallego aun cuando ello no le impedía mantenerse como aspirante a la Presidencia con todo y la carga opositora –el visto bueno de Los Pinos lo tenía sobradamente-, opacó la importancia de Santiago Vasconcelos en las primeras horas después de la tragedia. No se olvide que apenas en agosto último este funcionario se desprendió de la Secretaría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada después de haber sido figura clave en la extradición de algunos de los “capos” más célebres a los Estados Unidos, entre ellos el “Güero” Palma, y la aprehensión de otros de similar calado. Sin especificarlo, fue evidente que optó por dejar el cargo, y dedicarse a coordinar las tareas relacionadas con la iniciativa de reforma judicial, al sentirse amenazado y percibir que su presencia en la SIEDO, por tanto, complicaba enormemente los operativos y el indispensable sigilo para proceder contra una estructura mafiosa de enorme trazado.

La combinación de Mouriño y Vasconcelos, unidos en la tragedia, obliga a sopesar las adversas circunstancias que se abren para el ejercicio del poder político. Hablamos, sí, del narcopoder y de la narcopolítica; también de la posibilidad de que las bandas multinacionales enviaran el dantesco mensaje contra la estabilidad del gobierno calderonista cuando transcurría la jornada electoral en los Estados Unidos que marcaba, desde mucho antes, a Barack Obama como virtual ganador. (En este punto quiero subrayar una pista que he seguido desde hace tiempo: la extraña coincidencia de gran parte de los hechos de sangre y provocación, relacionados con las mafias, con fechas del calendario cívico, en México y los Estados Unidos, como si se tratara de una firma al calce. El 4 de noviembre tuvo especial significación, este año más que nunca, en la geopolítica universal. Abundaremos al respecto).

Calderón, en fin, al subrayar durante su mensaje, con insistencia, en que se realizarán indagatorias a fondo, no hizo sino abrir la especulación sobre la evidente posibilidad de un atentado. Si Fox sólo lo insinuó tras la muerte de Martín Huerta, el actual depositario del Ejecutivo, con un gesto bastante más expresivo y sin ocultar la honda herida que la noticia le causó, lo destacó por encima de la acostumbrada versión oficial destinada a disipar sospechas por decreto.

Debate

Dos minutos después de despegar del aeropuerto de San Luis Potosí, hacia donde acudió el gobernador de esta entidad, Marcelo de los Santos, a despedir a sus invitados, el piloto de la aeronave adscrita al gobierno federal, envió el reporte a la torre de control de que había detectado una avería. Pese a ello, no retornó ni manifestó intención alguna de realizar un aterrizaje de emergencia. Como si el desperfecto, si lo hubo, no fuera determinante.

Pero, además, el aparato cayó sobre una zona densamente poblada lo que revela un hecho incuestionable: los pilotos perdieron todo control desde antes de precipitarse a tierra o como efecto de un incidente que no les permitió reaccionar. Cualquiera sabe que un capitán, en condiciones extremas, por ética elemental, busca, como último recurso, descender en algún descampado intentando evitar con ello los daños colaterales y buscando, en todo momento, no poner en riesgo a un mayor número de seres humanos. Pudo haber optado, por ejemplo, por conducir al avión, hasta donde fuese posible, a los amplios terrenos del Campo Militar “Álvaro Obregón”, muy cercanos al sitio del impacto. No hay indicio alguno de que se procediera así.

También fue notorio el retraso con el que los responsables del aeropuerto capitalino dieron cuenta de sus propios registros, obviamente rebasados por el desastre. Y acaso, finalmente, no quiero obviar la coincidencia entre los últimos sucesos relacionados con el renglón energético –en los que Mouriño desempeñó funciones claves desde antes de la asunción de Calderón en diciembre de 2006, como jefe del grupo de enlace con funcionarios estadounidenses para tratar lo relativo a la posible reforma del rubro-, y la cercanía del lugar de la caída con la legendaria Fuente de Petróleos, ubicada en la confluencia del Periférico con la avenida Reforma. Lo casual, muchas veces en los peritajes más complejos, acaba resultando toral. Por eso, aunque parezca en principio disparatado, lo anoto.

De lo que no hay duda es de un efecto de la mayor importancia: una vez más se golpea, con dureza, aun cuando no sea factible determinar la presencia de manos criminales, al corazón del mandatario en funciones. Ocurrió con Fox, demudado ante el ataúd vacío que exaltaba la figura de su bienamado colaborador Martín Huerta; también con Calderón. Y más atrás, si me apuran, sucedió igualmente cuando una mano criminal, la de Daniel Aguilar Treviño armada desde una conjura, asesinó a Francisco Ruiz Massieu dejando a Carlos Salinas anonadado y revelándose después los tremendos desvaríos familiares, con el hermano incómodo, Raúl, a la cabeza, alrededor del homicidio.

Ya no puede hablarse sólo de meras coincidencias.

El Reto

En los lapsos sexenales de Miguel de la Madrid, entre 1982 y 1988, y Salinas, esto es entre 1988 y 1994, los accidentes carreteros con periodistas, informadores y líderes de opinión como víctimas, obligaron a insistir en el esclarecimiento de los mismos. Máxime que la secuela siguió y también alcanzó al régimen foxista en el que, por cierto, algunos de los personajes claves en la victoria de la alternancia, entre ellos Adolfo Aguilar Zínser y José Luis González “El Bigotón”, fallecieron sobre el asfalto cuando comenzaban a ser fuentes desbordadas de polémicas muy comprometedoras de la pareja entonces presidencia.

Desde el 20 de septiembre de 2005 –esta fecha no coincide con la línea de las efemérides-, la posibilidad de que la escenografía se hubiera trasladado de la tierra al aire, de los tráilers a helicópteros y aviones, no puede ser, de modo alguno, soslayada. Menos si asumimos la trascendencia de las víctimas.

Esperemos, cuando menos, que el expediente sobre el reciente episodio trágico no sea confinado, como el de Martín Huerta, dejando una tremenda secuela de sospechas. Ya son muchas las agresiones contra la inteligencia del colectivo.

La Anécdota

Dejemos la parte seria para intentar terminar con menos agobio.

Tras la exultante victoria de Barack Obama en los Estados Unidos desató una oleada de euforia en todos los rincones de los Estados Unidos, incluso los alrededores de la Casa Blanca. Como nunca antes. Pero también dio lugar a chascarrillos ingeniosos.

–¿Conoces el nombre del padre del presidente electo? –se preguntan por allí, en plena celebración-.

Y el de la voz apostilla:

–Se llama, nada menos, Barack Hussein Obama.

Así es en efecto. Nada menos, se unen en él dos de los referentes de más alto riesgo para la seguridad de los Estados Unidos: el de Hussein, ex dictador de Irak, y casi el de Osama (Bin Laden), el jefe de Al Qaeda, con sólo una letra de diferencia. Un buen pretexto para extender las cábalas de quienes, racistas acaso, inundan los correos electrónicos con referentes al “anticristo” y demás simplezas para contrarrestar el efecto triunfalista de quien ha roto moldes y tabúes y está próximo a instalarse en la Casa Blanca, a partir del 20 de enero, expulsando a los Bush y exorcizando cada uno de sus salones.

WEB: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Thursday 06 de November, 2008 a las 12:00 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Sucesos 2008, Elecciones EEUU 2008, Elecciones 2008, EEUU, Política, Nacional, Personajes, Noticias.

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