Llega el Terremoto

Sarah Hussein Obama

  • Costo: Mil Millones
  • Una Reina Protesta

Si los resultados de una elección dependieran de los rostros de los políticos de una causa u otra, o de los recursos derramados en la promoción de las bondades de cada uno, sin autocrítica posible claro, desde hace varios días el ganador de la contienda por la Presidencia de los Estados Unidos habría sido ya el senador Barack Obama cuya familia es originaria de un pueblo de Kenia, Nyang´oma Kogelo, en el continente africano. Sólo una generación bastó a la familia –en un caso similar al presidente francés Nicolas Sarkozy, con raíces turcas-, para escalar las más escarpadas posiciones sociales dentro de una sociedad con indiscutibles y marcadas –cuando menos más visibles- tendencias xenófobas.

Pocos saben que quien puede convertirse hoy en el presidente electo de los Estados Unidos, y con ello reemplazar al más belicista de los mandatarios estadounidenses de la historia, nació en Honolulu, Hawai, en agosto de 1961, y tiene academias en Economía, por la Universidad de Harvard –con fama de elitista-, y de Antropología por la de Hawai. Una combinación ideal, en estos tiempos, para situarse en el núcleo mismo de las conflictivas universales: el conocimiento del hombre y de sus flagelos, entre ellos el mayor representado por el dinero cuyos vaivenes copan ahora a buena parte del mundo.

El senador Obama –lo es como representante de Illinois-, mantiene una importante ventaja sobre su rival John McCain, del partido republicano cuyo perfil de enfermo dependiente –sobre todo del clan Bush- no pudo ser mejorado pese a los 358 millones de dólares recaudados con este propósito y que no pueden igualarse a los 603 millones de dólares colectados por Barack. Esto es, casi mil millones puestos en juego en una danza interminable gobernada, de principio a fin, por las convocatorias cibernéticas. En este país no hay límites para la inversión, como en México, en donde lo que más nos cuesta es el mantenimiento del aparato rector de los comicios, el Instituto Federal Electoral, cuyo presupuesto anual alcanza la cifra invertida, en conjunto, por los aspirantes presidenciales en la inalcanzable potencia del norte.

Es obvio que en la Unión Americana quien desea sentarse en la célebre oficina oval lo hace al tope de compromisos financieros de muy alto calado. Si en México, Felipe Calderón, quien basó su crecida publicitaria en los oscuros caminos seguidos por un puñado de empresarios que invirtieron lo suyo para desalentara a la ciudadanía ante los “peligros” de un viraje hacia la izquierda, continúa siendo un rehén de las facturas por pagar, trasladadas hacia el campo de la política, en los Estados Unidos tal es un elemento que se da por descontado. El símil, sin embargo, no es feliz sino demostrativo de en donde recala el verdadero poder.

Gastaron y mucho los aspirantes a la Presidencia estadounidense pero no más de lo que nos costó a los mexicanos el aseguramiento del continuismo tras los conocidos desaseos de 2006. El hecho es que, entre nuestros vecinos, la cuestión de las recaudaciones políticas no tiene más límites que las capacidades de quienes convocan a colectar recursos para promoverse, muchas veces una inversión superior a la suma de todos los sueldos que podrán cobrar en el apretado periodo de cuatro años. Si cada abanderado debiera sufragar los costos sería sencillamente ruinoso a no ser que se tuviera una fortuna inmensa, como la de Ross Perot, ex aspirante “independiente” a la Casa Blanca, quien fue el motor para la parodia del “doctor Simi” que sigue inundando de mensajes los espacios contaminantes del mundo cibernético.

A veces la lógica no marcha con los secretos electorales. ¿Vale la pena invertir tantos millones de dólares, en momentos de crisis extrema, para conocer las “bondades” de personajes que aspiran a un liderazgo nacional sin ser lo suficientemente conocidos a la hora de postularse? Pocos sabían del “carisma” de Obama o de los “heroísmos” guerreros de McCain antes deque ambos iniciaron su despegue proselitista. La más destacada en este renglón, entre quienes abrieron fuego, era Hillary Clinton, ex primera dama con largo alcance en el Senado y como ejecutante de su propio matriarcado particular sobre el inquiero y seductor Bill cuya popularidad no mermó, al contrario, con las nada sutiles historias de los habanos humedecidos por los flujos vaginales de una becaria calculadora.

Mil millones de dólares de aportaciones por parte de dos candidatos enamorados de la casona de la avenida Pensilvania, sin duda la residencia por la que se paga el más alto alquiler de cuantas se promocionan entre los corredores de inmuebles. Aparte, claro, deben sumarse las inversiones de los aspirantes al Congreso en donde, según se ha difundido desde hace varias jornadas, los republicanos esperan algo así como un “terremoto” devastador, conscientes de que los momios posponen, por el momento, muy detrás de las convocatorias de los demócratas quienes, como pocas veces, se sienten muy seguros de la victoria inminente. Los márgenes de ventaja parecen no dejar resquicio alguno para la duda.

Pese a ello, el optimismo de los operadores cercanos a Obama no lo es tanto porque éste insiste en mantener sus preocupaciones por el famoso “efecto Bradley” que deriva del racismo, todavía muy anidado en amplios sectores de la sociedad norteamericana. Aseguran que no son pocos quienes los electores blancos que podrían modificar sus votos a pie de urnas motivados por el rechazo hacia los negros como ya ocurrió en otras ocasiones, Por supuesto, los presuntos sufragantes tienen muchas maneras de ocultar el verdadero sentido final de sus papeletas.

Y es Obama, claro, el más preocupado por ello dado que no es la primera vez que confronta actitudes hostiles por su color. Sin duda, éste será uno de los factores determinantes, de ganar el hombre de Hawai, a lo largo de los próximos años.

Debate

El mero planteo sobre el “efecto Bradley” revela cuál es, en el fondo, la verdadera controversia que se da en una comunidad que presume de democrática pero mantiene severas tendencias hacia la discriminación racial o xenófoba. Mucho más, cabe subrayar, desde septiembre de 2001 cuando el terrorismo islámico hizo diana contra dos de los pilares del orgullo norteamericano: las famosas Torres Gemelas de Nueva York convertidas en una masa monumental de hierros retorcidos mezclados con cadáveres irrecuperables. No hubo radares ni prevenciones que pudieran evitar el brutal colapso.

También fue curioso registrar que el liderazgo formal de Bush junior no se alcanzó con los escrutinios sino como consecuencia del drama descrito aun cuando lo tomara por sorpresa en una escuela de Florida, la mima entidad que le nutrió de los votos necesarios para vencer, con largas secuelas, al entonces vicepresidente Al Gore cuyo retiro de la contienda poselectoral, madurado bajo quien sabe cuantas presiones, evitó un severo resquebrajamiento del sistema comicial del poderoso país del norte.

Por una causa u otra, el hecho es que Bush, pese a sus traspiés y sus equivocadas políticas, sobre todo hacia el exterior, fue reelecto hace cuatro años lo que, en sí, demuestra hasta que punto la masa electoral es moldeable a capricho de los estrategas contratados ex professo y no por efecto de las verdaderas condiciones y perfiles de cada uno de los postulantes que se muestra muy afables a la hora de estirar las manos en demanda de recursos. Más que candidatos son colectores de limosnas que luego, por supuesto, deben retribuir no al conglomerado sino a los grandes consorcios que las extendieron. En este punto la tergiversación se vuelve dramática.

Bien se sabe que, en el momento de las grandes decisiones, los ocupantes de la Casa Blanca deben prestar oídos a sus grandes aliados y promotores. De otra manera, su fracaso estaría asegurado. Véase el ejemplo de Bush junior, de limitados alcances culturales y políticos, heredero además de un personaje que no pudo ganar una segunda elección atrapado en su mala imagen –y con todo y la parafernalia a su servicio-, quien pudo reelegirse y sostenerse aun cuando sus niveles de aceptación fueran exiguos. Y se marchará. En enero próximo, tan campante a su rancho de Texas dejando detrás de sí una estela de dolor, muerte y hambre.

El handicap para su correligionario McCain fue tremendo… y aún así hay quienes no le dan por vencido apostando por el racismo, muy íntimo pero también muy vigoroso, de gran parte de la sociedad norteamericana. Veremos.

El Reto

Hasta 2000 era casi un sacrilegio cuestionar a sistema electoral norteamericano, sobre todo por sus electrónicos alcances que parecían hacerlo invulnerable; después de los comicios de noviembre de ese año la decoración cambió ante la tremenda impotencia de las mesas de Florida para determinar, por un margen por demás escaso, al ganador de este estado y, por lo tanto, de la Presidencia de los Estados Unidos en una batalla cerrada casi por mitad.

No se olvide que la Florida contaba con un gobernante familiar, Jeb, el hermano de George, quien mantiene sus ilusiones de suceder al padre y al fraterno correligionario cuando llegue el momento, esto es cuando la amnesia general disipe las malquerencias contra los Bush por los saldos ominosos de los largos ocho años de mandato del primero de los juniors del clan. Si, como se sabe, las influencias del mismo entre los hombres del poder financiero es tanta, no dudamos que pronto vuelva por sus fueros.

Claro, el “nepotismo” no es un elemento que se persiga de oficio entre la casta gobernante de los Estados Unidos en donde los consorcios, los “trusts” y los clanes familiares tienen peso específico en la consolidación de una gran aristocracia sin títulos nobiliarios pero con enormes fortunas que van más allá de los castillos de la ensoñación. Secretos, al fin, del establishment.

La Anécdota

Pilar Urbano acaba de publicar “La Reina desde muy de Cerca”, una biografía no autorizada de Sofía, la esposa de Juan Carlos, quien nació dentro de la casa real de Grecia hasta llegar a ocupar el trono de España. Para muchos ella ha sido el principal factor para mantener a la monarquía en los que fueron dominios franquistas hasta la muerte del dictador en 1975.

Por cierto, la señora Urbano también es autora de un ensayo, titulado “Jefe Atta” –Planeta-, sobre lo sucedido el 11 de septiembre de 2001. En el mismo coincide con la versión de la escritora mexicana, Claudia Luna Palencia –“La Política del Miedo”, Ediciones Castillo-, en el sentido de que no hubo avión alguno que se estrellara contra el Pentágono. Al respecto, la reacción del gobierno estadounidense fue más bien tibia a pesar de algún comentario suelto del presidente Bush.

En cambio, en Madrid, la Casa Real reaccionó muy mal contra Urbano porque, entre otras cosas, pone en labios de Sofía el que se considera un despectivo tratamiento, el de “negro”, contra el senador Obama que hoy puede convertirse en presidente. Habrá que, a partir de hoy, matizar los calificativos para no caer en los deplorables escenarios racistas que, sin duda, sufrirán también un terremoto.

WEB: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Tuesday 04 de November, 2008 a las 12:00 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Elecciones EEUU 2008, Elecciones 2008, EEUU, Nacional, Política.

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