
- Leyes sin Fuerza
- Hermandad Exitosa
Sentencia oportuna. Veintiocho meses después del desenlace electoral de 2008, el Tribunal encargado de juzgar a los protagonistas de las campañas proselitistas, partidos y candidatos, determinó que el Consejo Coordinador Empresarial violó las leyes respectivas al armar y difundir los célebres “spots” sobre el “peligro” de votar hacia la izquierda y no refrendar la apacible continuidad que tan bien les ha venido a un apretado sector de aliados financieros, siempre beneficiarios, sobre todo en tiempo de crisis, de los vaivenes de las políticas económicas.
Justicia plena. Los violadores de la ley, es decir los dirigentes patronales que apostaron fuerte, no recibirán sanción alguna porque, a decir de los juzgadores, no tienen la condición de partido ni de candidatos y, por ende, el Tribunal no puede imponerles coerción alguna… aun cuando, insisto, se haya determinado su seria responsabilidad al financiar mensajes tendenciosos que se apartaron de los formatos autorizados para la promoción de los protagonistas. Si este mismo criterio se aplicara a los individuos quienes, por ejemplo, se llevaran a casa una de las urnas electorales, para guarecerlas de los peligros del día clave, tampoco merecerían ser castigados por no ostentar representatividad alguna. Igualmente si un pelotón de militares impidiera votar a parte de la ciudadanía, tal conducta sería vista como violatoria pero no dará lugar a coerción por no tratarse de los protagonistas directos de la trama. Desenlaces felices en la tierra de las grandes simulaciones, jurídicas también.
Lo anterior me obliga a recordar dos hechos incontrovertibles:
- En 1991, cuando nació la Comisión Nacional de Derechos Humanos con la tutela de la administración de Carlos Salinas –igualmente el Instituto Federal Electoral inició su andadura en la misma perspectiva y sexenio-, comenzó a señalarse que funcionaría como una especie de “supersecretaría de Estado” por cuanto contaba con facultades para fiscalizar todos los cuadros gubernamentales. Sin embargo cuando se plantearon los temas electorales, casi con angustia reaccionó su primer titular, Jorge Carpizo McGregor quien con ello iniciaría una muy breve carrera política, para subrayar que tales, por contar con tribunales específicos, rebasaban el marco de la Comisión. Pregunté entonces si un asesinato –como los muchos que investigaba la instancia por cuanto a la impunidad manifiesta a favor de los criminales- no debía ser considerado de la misma manera porque como se trata de un delito que se persigue de oficio se cuenta también con una estructura judicial específica para ello. Obviamente las máscaras cayeron al suelo.
- No se olvide que el mismo Tribunal Electoral, antes de dictaminar la supuesta legitimidad de los comicios –digo supuesta porque a pesar de la sentencia quedaron muchas sospechas pendientes-, definió que la intervención del propio Consejo Coordinador Empresarial y la del entonces presidente de la República, Vicente Fox, habían merecido una reconvención, esto es menos que un regaño, pero sin que se les considerase “determinantes” para alterar los resultados finales. Vamos, como si la pobre ventaja de medio punto porcentual entre el primero y segundo ponentes hubiera sido tan amplia para que ningún desvió le afectara. El absurdo, sencillamente, no se sostuvo ni se sostiene salvo por la fuerza “institucional” que arrojó por la borda el sueño de la democracia.
El episodio reciente demuestra, de nueva cuenta, no sólo la fragilidad de la estructura política del país sino la operatividad de los antídotos de los que el propio sistema dispone para contrarrestar, eficaz y hasta contundentemente, las “concesiones” a la disidencia legal por parte del propio poder público. Así ha sido, por desgracia, desde que por la década de los sesenta en el siglo anterior, se inventó la figura de los “diputados de partido” para asegurar la presencia irrelevante de unos cuantos legisladores dentro de una mayoría aplastante en el Congreso para simular con ello un pobre ejercicio “democrático” a los ojos de los observadores del exterior.
Desde entonces, sí, cada paso o cada reforma electoral han dado lugar a una reacción, a veces soterrada como en 2006, para atajar la plenitud democrática y asegurar los controles contra los vaivenes “circunstanciales” de la política. Y ello demuestra, siguiendo la misma línea analítica, que la celebrada alternancia en 2000 no fue sino un gran montaje para desactivas los polvorines encendidos sin que con ello se produjera, en serio, un cambio sustantivo.
Recuerdo al respecto la tibia defensa de quien fungió como secretario privado del presidente durante los primeros años del régimen anterior, Alfonso Durazo Montaño, respecto a la inercia evidente que se percibía. Le hablé, entonces, que los mexicanos esperaban otra cosa, un cambio drástico. Y replicó:
–Los cambios drásticos alteran y no son convenientes. Es mejor ir al pasito pero seguros.
Una tremenda distorsión que, desde luego, posibilitó el reacomodo de los grandes aliados del priísmo hegemónico que aterrizaron, cómodamente, en los escenarios del llamado “nuevo régimen”. Los mismos empresarios y banqueros, los grandes millonarios, siempre sabios, eficaces y afortunados a la hora de especular en lo financiero y también, por lo visto, en lo político.
Ya se sabe, por supuesto, cuáles son los avales que verdaderamente valen. Por ello el mandatario en curso, Felipe Calderón, apenas tiene tiempo para seguir pagando las facturas pendientes. Y me temo que no le alcanzará el sexenio para ello.
Debate
Una moción interesante es, sin duda, la afirmación del presidente del mencionado CCE, Armando Paredes, quien alega que los empresarios, convocados para meter el hombre a favor de la derecha a cualquier costo –incluyendo, claro, la violación a la legalidad-, sólo ejercieron su libertad de expresión. Albricias. Es decir sólo quienes cuenten con los recursos para contratar espacios en los medos masivos de comunicación podrán sentirse verdaderamente libres por permitirse el lujo de alterar las condiciones generales de las contiendas políticas. Una joya de la modernidad electoral.
La declaración de Paredes coincide con otra, del señor Fox, cuando éste iniciaba su andar presidencial sin cuidarse la boca, quien expresó, de la misma manera, que como “ciudadano” tenía derecho a expresarse como le viniera en gana. Y, por supuesto, que en tal condición no podría alegarse lo contrario, no así con la jerarquía que ostentaba y por la cual sólo podía hacer cuanto le estaba específicamente señalado por las leyes y éstas no le habilitaban, de modo alguno, como merolico intocable. Desde luego, si quería aprovechar la libertad plena sólo tenía que separarse de la investidura y sumarse al común de los mortales. Pero, en calidad de mandatario debía guardar, por mandato expreso, ciertas formas, por ejemplo al dirigirse a otros gobiernos, presidentes o monarcas de por medio, con los que México guardaba relaciones bilaterales. Cuba, entre ellos.
Lo mismo sucede con los voceros empresariales listos a justificarse mediante un alegato torpe. Porque, desde luego, en ningún horizonte existe la libertad plena… muchos menos si estriba poner en predicamento o anular la de los demás. Esta es la razón fundamental por la que las leyes regulan la convivencia civilizada señalando algunos límites. Por supuesto, cuando se desestima la estructura jurídica, con alegatos tan torpes por ejemplo, nos acercamos a deplorable escenario de la anarquía en donde cada individuo hace lo que le viene en gana en prejuicio de los intereses colectivos.
En la misma línea podría alegarse la “libertad” del consumidor a pagar lo que considere justo, o no pagarlo incluso, cada que entre a un comercio o se interrelacione con algunas de las empresas que defienden, con tanto ahínco, su derecho a expresarse. Cada cliente podría alegar su derecho al bienestar y su libertad individual para prohijarse condiciones dignas de vida a despecho de las limitaciones normativas. Sería el caos, claro, y los empresarios, a no dudarlo, pondrían, los primeros, el grito en el cielo. Fíjense, amables lectores, hasta donde podrían llevarnos las tremendas distorsiones.
¿Es esto, en fin, lo que propugnan los ahora aguerridos defensores de una libertad de expresión que tanto les incomoda cuanto son ellos los afectados por las críticas?
El Reto
Ni siquiera una disculpa, entonces, ante lo que reiteradamente se insiste: los “hechos consumados”. Como el señor Calderón está por cumplir dos años en el ejercicio de la Primera Magistratura, a trompicones como su asunción en un Congreso convertido en corral de comedias, ninguna alteración al estado de cosas debe darse aun cuando se demuestren las escandalosas violaciones legales paralelas. ¿Entonces se vale reincidir y promover escenarios similares a los de 2006 considerando que las mismas reglas habrán de funcionar?
Los empresarios, como están las cosas, ya saben que tiene el arma fabulosa de la ilegalidad, ejerciendo su derecho a expresarse, para extender mensajes tendenciosos o francamente descocados con el fin de persuadir, más bien engañar, al colectivo. Tienen un horizonte magnífico, abierto, que les permite proceder como les venga en gana. Total: nuestros legisladores ni siquiera se plantean, por ahora, modificar las formas y ya tocamos con la mano los comicios “intermedios”, a desarrollarse en el inminente 2009, si llegamos con bien al destino.
Mientras tanto, esperemos a ver que pasa mañana en los confines inalterables de la Unión Americana.
La Anécdota
El gobierno español solicitó al mexicano su respaldo para integrar el “grupo de los veinte” y acceder con ello a la “cumbre” de Washington programada para mediados de mes, cuando se hayan disipado los humos electorales y la Casa Blanca, acaso, esté por convertirse en “Residencia Negra”, para no ser discriminatorios con sus presuntos nuevos huéspedes.
Para los financieros ibéricos, y lo dicen sin rubor, la reconquista de México es un hecho a través de inversiones claves: bancos, el gas, la electricidad, los grandes almacenes, etcétera. Por ello, claro, pueden darse flujos tan interesantes como la estratégica alianza del socialista Felipe González y el mayor multimillonario del planeta, Carlos Slim. Esto es por encima de signos partidistas e ideológicos.
Lo mismo entre gobiernos: el socialista de España, encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, quien cada vez procede más a la derecha, y el conservador mexicano, que preside Felipe Calderón quien habló del imperativo de comenzar “a rebasar por la izquierda”. Un mundo al revés cada que así lo determinan sus dirigentes.
Sólo falta un elemento, “La Malinche”. ¡Ah! Pero por allí está. Les invito, amigos lectores, a descubrirla. Abundaremos.
WEB: www.rafaelloretdemola.com
Foto: La Jornada














