
- Costos Impagables
- Mafias Emboscadas
Los comicios en los Estados Unidos, con las encuestas señalando al demócrata de color Barack Obama como virtual ganador, concentrar siempre la atención mundial por las repercusiones de los mismos en cada una de las regiones del planeta aun cuando las alternancias previstas, entre dos partidos que polarizan a los electores, influyan determinantemente en un cambio drástico en las políticas generales. Los actores, más que candidatos, están sometidos al establishment no sólo por los veneros de las financiaciones a sus campañas sino también para asegurar la continuidad de los programas fundamentales.
Las diferencias son sólo parte del maquillaje y s concentran en cuestiones que, desde luego, no están en las manos sólo del mandatario en ejercicio. El aborto o los matrimonios entre homosexuales, por ejemplo, fueron temas recurrentes durante los periplos de Obama y de su adversario, John McCain, sin que por ello, al alcanzar el poder uno de ellos pudiera resolver unilateralmente lo conducente. En todo caso requeriría la aprobación del Congreso en donde suele mantenerse una oposición, casi cortada por mitad, en condiciones de permanente contrapeso. Por supuesto, no por ello la opinión de quien aspira al liderazgo estadounidense –y para muchos al universal-, deja de ser importante no sólo para conocer sus propios alcances sino, sobre todo, para tomarle el pulso a su formación y autoridad moral.
Otros asuntos fueron menos manoseados acaso para evitar polémicas con enorme costo personal y el consiguiente desgaste de los abanderados. Por ejemplo, cuanto toca a la incesante inmigración, sobre todo la ilegal, perseguida con energía y al mismo tiempo generada por quienes luego aducen, como en Arizona y los “minutemen”, su derecho a portar armas para cazar a los “invasores” que desembocan hacia predios privados al cruzar la frontera. El tema es muy álgido y comprometedor por cuanto puede generar reacciones diversas y la inevitable merma de votos.
Una cosa fue evidente: los dos aspirantes tienen muy escasa cultura para analizar la geopolítica universal y fueron evidenciados por ello. Esto es: concentran tanto su interés en los asuntos internos y los intereses estadounidenses que parecen olvidar la tremenda influencia que su poderosa nación mantiene sobre las conflictivas regionales más severas. Como si el resto del mundo no tuviera más valor que decorativo aun cuando las convulsiones les estallen, como en septiembre de 2001, en las manos a pesar de su notable red de espionaje y las infiltraciones de la CIA y el FBI en territorios ajenos con el pretexto de perseguir a las mafias multinacionales del narcotráfico y a los terroristas camuflados.
No se olvide que, por esta razón, y a partir del martes 4, la fecha señalada para la jornada electoral, la Unión Americana estará en “alerta naranja”, apenas un rango inferior al estado de guerra, en prevención de posibles atentados contra la estabilidad de una nación pertrechada como ninguna y con capacidad de fuego muy superior a la del resto del globo terráqueo en conjunto. Por eso cada mandatario se dice a sí mismo “líder del mundo libre” así como en México señalamos al presidente como “jefe de las instituciones nacionales”. Las exageraciones, aunque sean irrelevantes en la praxis, plantean la verdadera correlación entre la clase mandante y sus súbditos, incluso con extraterritorialidad de por medio.
Los riesgos son enormes porque la alerta no sólo se concentra sobre los grupos islámicos del terror, a quienes se adjudica el colapso brutal de las Torres Gemelas neoyorquinas, sino también se proyecta a células de fanáticos, como los neonazis aprehendidos a principios de semana cuando ya estaban listos para ejecutar al senador Obama y a ochenta y ocho personas más –la “h” es la letra octava del abecedario y la capicúa numérica esconde el saludo “heil Hitler”-, con una estructura que, desde luego, no puede ser sólo para dos, es decir los detenidos casi en flagrancia. Es obvio que muchas otras manos están detrás y permanecen deambulando por allí. Y no se requiere ser un experto en la materia para determinar los alcances del peligro en cierne.
Desde este espacio advertimos de los desafíos que se estaban planteados ante el posible retorno de los demócratas a la Casa Blanca -¿será “negra” a partir del próximo 20 de enero?-, aun cuando el racismo y la xenofobia sean elementos por demás arraigados a un importante sector de estadounidenses. Y el senador Obama no es sólo un brillante hombre de color sino también desciende de una familia africana como demostración fehaciente de la capacidad de integración de los inmigrantes cuando buscan, con desesperación, la supervivencia que en sus naciones de origen se les niega.
Tal ha sido, desde siempre, el meollo de la cuestión que se soslaya para plantear el imperativo de asegurar los equilibrios sin merma de los intereses de los estadounidenses cuando éstos desprecian las duras labores encomendadas a quienes llegan de fuera. Una perspectiva muy parecida a la que se da en Europa en donde la mano de obra de los inmigrantes posibilita, entre otras cosas, la ampliación de las pensiones y sus coberturas, porque son otros quienes hacen las tareas menos favorecidas en el renglón de los ingresos a pesar de la tremenda carga que imponen.
(La notable diferencia, hay que asentarla, es que pese a cierta resistencia social, a los inmigrantes en el viejo continente se les acoge con sentido humanitario, incluso salvándoles de las aguas traicioneras cuando navegan en sus pateras en un frenético empeño para encontrar oportunidades de trabajo. En los Estados Unidos, en cambio, se les espera con rudeza extrema).
Mirador
Han sido tantas las controversias y tan intensa la crisis financiera global, con vaivenes que presagian más tempestades, que se han soslayado los señalamientos de las autoridades estadounidenses sobre las “constantes” –dicen- invasiones a su territorio por parte de efectivos del ejército mexicano. Una y otra vez, las jerarquías militares de nuestro país han desmentido la especie aplicando una lógica incontestable: la tremenda disparidad en cuanto a pertrechos de unos y otros, máxime en una zona tremendamente vigilada por los vecinos den norte, con inclusión de radares, seguimientos satelitales y aparatos sensitivos de toda índole.
La cuestión es por qué, entonces, se mantienen las denuncias con el reconocimiento a ciertos “casos aislados”, que se registran como monumentales “despistes”, sobre presuntas invasiones intermitentes. Desde el otro lado del Bravo y las mojoneras se alega que los mílites mexicanos suelen “proteger” los cargamentos de drogas de mayor trascendencia inhibiendo, con sus “poderosos” armamentos, a la mayor potencia militar de todos los tiempos. El absurdo nos salta hasta cuando lo reseñamos.
Pese a ello, puede cobrar algún sentido si consideramos, igualmente, que los “padrinos” del otro lado, es decir aquellos que son responsables de distribuir y vender las drogas a través de la inmensa geografía estadounidense, no son siquiera localizables ni motivos, hasta hoy, de querella alguna; todas las pesquisas señalan hacia el sur como si el mercado de consumo mayor del mundo fuera también el más eficaz para desaparecer, como si de un ilusionismos se tratara, hasta las huellas de cuantos evaden las aduanas y transitan, liberados, por las carreteras del norte.
Pero, claro, tal no fue tema conveniente para los políticos en campaña quienes centraron su atención, aprovechando el mal clima financiero, en los escenarios recesivos que, seguramente, marcarán el inicio de la nueva administración. Mientras, el inoperante George Bush junior, el mandatario más belicista e insolente de los últimos años, marchará a su rancho texano en busca del solaz que cree merecer después de dejar al mundo convertido en un polvorín.
Es tan grave la perspectiva que algunos añorarán, sin duda, los años de la llamada “guerra fría” cuando, al menos, funcionaban los contrapesos y con ellos se limitaba la prepotencia encendida de los operadores de la alba casona de la avenida Pensilvania y también los del Kremlin. El mundo, en fin, vivía bajo los amagos pero no con el agobio actual.
Por supuesto, los norteamericanos tendrán muy en cuenta todo ello a la hora de determinar el nuevo liderazgo aun cuando los ponentes brillen… por sus limitaciones.
Polémica
No puede descartarse, en un ámbito como el que enseñorea la prevista “fiesta democrática” en los estados Unidos, la posibilidad de un atentado. Ya hemos dicho que las alertas están encendidas y que las medidas precautorias están al tope y lo estarán hasta la tercera semana de enero cuando se consuma la transmisión del Ejecutivo en Washington. Ello devela, por sí, la dimensión de los riesgos a los que se enfrenta el propio sistema en una hora marcada, también, por las vendettas entre las mafias multinacionales no sólo sobre suelo latinoamericano.
Se ha dicho, repetidamente, que el clan Bush es parte de la mafia por cuanto ha sabido proteger los intereses de quienes, a nivel global, la integran, Es obvio que un juicio así puede parecer descocado a la vista de quienes, desde posiciones privilegiadas, consideran saberlo todo y niegan, por obvias razones, las conexiones soterradas entre el poder público y los grandes “capos” ensoberbecidos.
Lo que no puede dudarse es de la tolerancia excepcional brindada a los operadores y distribuidores de cocaína, marigüana, metanfetaminas y otros estupefacientes, apenas transitan por las rutas del poderoso país vecino que marca las pautas. Con el tiempo ha crecido el cinismo, no la estructura para prevenir y perseguir a los responsables de los “cárteles” con personalidades cambiadas en los escenarios norteños. Y, entre ellos, a buena parte de los “muertos vivientes” –otros están en Rusia en donde las mafias se extienden-, desechados de pesquisas y querellas.
Por las Alcobas
Hace ocho años cuando George Bush junior, con la parafernalia de su hermano Jeb en Florida, se alzó con una controvertida victoria sobre el entonces vicepresidente Al Gore –catapultado después hacia todos los premios, incluyendo el Nóbel-, señalamos hacia la fuerza de un clan que basó su despegue y poderío… en el petróleo.
No se olvide que los Bush fueron también socios de Permago –Perforaciones Marítimas del Golfo-, al tiempo que fueron corroborándose las riquezas energéticas de la zona incluyendo las “misteriosas” reservas del llamado “hoyo de la dona” –en realidad son varios-, de las que muy poco hablan nuestros atildados representantes populares, tan animados a la hora de votar la reciente reforma energética que saludó, eufórico, el mandatario Felipe Calderón.
Una cuestión queda en el aire al analizar la potencia y capacidad de maniobra de los grupos amafiados: Bush padre, hace dieciséis años, no pudo reelegirse, y cedió su sitio en la Casa Blanca a Bill Clinton. Y, por cuanto se alega ahora –este columnista tiene todavía sus dudas-, Bush junior no fue capaz de asegurar el trono para su heredero republicano.
Los secretos de las mafias, como los designios del Señor, son, a veces, inescrutables. Abundaremos.














