Grandes Predadores

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  • Dólares Volátiles
  • La Receta Olvidada

Ninguna investigación oficial se abrió para determinar por qué los dos bancos mexicanos con mayores volúmenes, en cuanto a disponibilidades e infraestructuras, optaron por integrarse a consorcios extranjeros y no fusionarse entre sí para formar un gran bloque y crecer hacia fuera como lo han hecho los grupos estadounidenses, europeos y asiáticos más solventes en esta época de globalización. Porque, sin duda, Bancomer y Banamex, instituciones que estaban saneadas cuando fueron vendidas y asimiladas por los españoles de BBVA y los estadounidenses del Citigroup, pudieron ser detonantes para ampliar la presencia de los inversionistas mexicanos.

No sólo eso: además se ofertaron muy por debajo de sus valores reales según pormenorizados estudios de economistas especializados en el tema. Esto es, se prefirió vender barato a los foráneos, y por separado, antes de unir esfuerzos y andamiajes para hacer crecer a la banca mexicana. Yo no sé a ustedes, amables lectores, pero a este columnista, quien no es profesional de la Economía aun cuando la realidad le ha obligado a analizarle, le parece que se desprende de todo ello un desagradable tufo a traición patria bendecida, detrás de bambalinas, por los sobresalientes cómplices políticos.

Mientras tanto, la primera institución bancaria fundada tras la victoria panista de 2000 fue, claro, la que derivó de los acuerdos soterrados y los apoyos indiscretos: Banco Azteca, bajo la batuta de Ricardo Salinas Pliego, el rey del cambio de divisas mediante una empresa cuyo objeto social era la venta de enseres domésticos, Elektra. También puede considerarse al personaje, como hemos expuesto en varias ocasiones, el resucitador de las tiendas de raya gracias a las fórmulas para engañar a las familias receptoras de las remesas en dólares. Y nada, absolutamente nada se ha hecho para investigar estas malas artes pese a los miles de testimonios al respecto.

Con estos antecedentes, bajo el clima de la continuidad política y el mantenimiento de la simulación como elemento central de poder, no extraña que los bancos con raíces estadounidenses, el Citibank en punta, y españoles, Grupo Santander y Bilbao Vizcaya-Argentaria, el primero comprador de Bamamex y el último de Bancomer, hayan sido, como parece bastante claro aun cuando sólo podría confirmarlo la autoridad hacendaria, los responsables de alterar artificialmente la correlación del peso con el dólar que no debió haber sufrido, por efecto de la crisis global, una sacudida tan fuerte e innecesaria considerando las altas reservas en dólares del Banco de México al momento del terremoto -nada menos ochenta y un mil millones- y los miles de millones de la verde divisa que circulaban en el mercado mexicano, inundado por ella cabría especificar.

Los accionistas de los consorcios extranjeros tenían otra idea y la aplicaron. Previeron que el dólar se fortificaría, en Europa sobre todo a costa del euro, y optaron por comprar masivamente la divisa estadounidense. Aproximadamente, en conjunto, diez mil millones de dólares que retiraron, a su gusto, provocando la precipitación del peso. Insólito: por depender del dólar nuestra unidad monetaria fue despegándose del euro y ahora que el primero se consolida y arremete contra éste, ¡también perdemos los mexicanos! Esto es: ofrecemos todas las ventajas para que nos saqueen y no prevemos los movimientos especulativos que bien podrían tipificarse como fraudulentos por la carga de engaños que estriban. Pero, desde luego, nuestro gobierno no responde salvo para sugerir intervenciones marginales, igual que en 1982 ante los saqueadores inmorales.

El golpe se repitió en la mayor impunidad concebible. Y volvimos a tropezar con la misma piedra con un gobierno, en apariencia, expectante. Podríamos calificarle igualmente como cómplice porque, la verdad, no creo en las versiones del señor Agustín Carstens sobre las sorpresas; más bien, me temo que todo ello se haya hecho con la tolerancia vergonzosa de las altas autoridades hacendarias y del Banco de México. Pero, ¿no existe ninguna estructura destinada a controlar los movimientos especulativos escandalosos? ¿No la hay después de tantos quebrantos sufridos? Si es así entonces no tendremos más remedio que hablar de colusiones para explicarnos las amargas y costosas reincidencias. ¿Acaso vamos a ser ingenuos toda la vida mientras nos saquean sin pudor, una y otra vez, quienes vuelven a sentirse conquistadores, en la línea insolente de Cortés, invadiéndonos ahora mediante argucias financieras que nos debilitan hasta la rendición?

Desde hace varios años vengo señalando a lo que he dado en llamar la reconquista de México, por el norte y por el océano. Ahora estamos entre dos fuegos permanentes como filón apetecible gracias a los excepcionales recursos naturales que tan mal han administrado los regímenes políticos, antes y después de la socorrida alternancia apaciguadora de 2000. Desde España nos invaden con bancos, empresas de gas y eléctricas listas a aprovechar las nuevas condiciones aprobadas por el Senado –hoy toca a los diputados su segundo turno-, en materia energética pese a las protestas callejeras de un dirigente que se fue quedando solo por su intransigencia, exasperante e inútil en cuanto a sus escasos dividendos en los hechos.

Y desde los Estados Unidos nos asfixian en todos los renglones de la vida productiva. Guerrean por el dominio de nuestro suelo y nuestros recursos los mismos que, a través de la historia, han hincado el diente en nuestra riqueza proverbial. Bien saben lo que persiguen porque, sin duda, conocen los veneros, los del petróleo y los de la especulación exitosa. Por ello, claro, no se tentaron el corazón al decretar, aprovechando el vacío de poder, esto es de manera discrecional y alevosa, una nueva escalada de depauperación colectiva, ensañándose con los mexicanos de menores recursos.

¡Y luego se sorprenderán cuando disminuyan las remesas y se acelere el hambre general!

Debate

Nada se hace contra los especuladores. Carstens y sus voceros insistieron en que procederían para descubrir y sancionar a los compradores de dólares y sólo “filtraron” como fuente de la debacle a Comercial Mexicana. Como si ésta, vamos, tuviera capacidad para comprar, nada menos, diez mil millones de dólares de golpe. Quizá pudo sumarse al efecto, aprovechando la información confidencial con la que cuentan los principales socios –demostrativa, en sí, de que se previeron los fenómenos y se privilegió, como en 1976 y 1982, a los favoritos del régimen-, pero no fue el origen del mal.

¿Por qué no se abren indagatorias formales contra los bancos mencionados, así sean muy poderosos? Ayer mismo expusimos, como un ejemplo, las denuncias que presentó el juez español, Baltasar Garzón, contra el BBVA bajo sospecha de haber lavado dinero en beneficio de las grandes mafias internacionales. La misma acusación se formalizó contra el Citigroup, en los Estados Unidos, meses antes de la compra de Banamex –y de parte del patrimonio nacional por cuanto toca a residencias históricas, pinacotecas y otros acervos culturales que traspasaron igualmente los vendedores, los señores Roberto Hernández y Alfredo Harp, dos de los más dilectos y cercanos aliados del foxismo-, sin que tal hubiese sido impedimento alguno para su impresionante expansión en México. Como si fuéramos poco menos que la gallinita ciega.

¿Qué hay detrás de tanta tolerancia, por demás redituable en términos de la más vergonzosa especulación? No sigan lastimando la inteligencia colectiva con los bajos pretextos sobre sorpresas, imprevistos y efectos colaterales de la crisis global. ¿Y el tan socorrido blindaje que exaltó los discursos en pro del continuismo? ¿Se perdieron los panegíricos al igual que la solvencia moral de los árbitros electorales quienes observaron y señalaron el desaseo evidente de los comicios de 2006 para luego intentar tapar los agujeros? ¿O esperarán, como lo hizo el singular y afeminado Luis Carlos Ugalde, para hablar a “toro pasado” sobre las “presiones recibidas”?

Por supuesto, estoy consciente de que estamos elevando la voz. ¿Y qué otra cosa puede hacerse ante el espectáculo de recurrente cinismo que está frente a nosotros, de nueva cuenta? Volvieron a saquearnos en las narices de un gobierno inútil, desmantelado, vulnerable y errático. ¿Cuántas veces más se repetirán los castigos?

Me temo que, en esta hora difícil, de abrirse las pesquisas acaso nos quedaríamos también sin legisladores, de los “notables” que arreglan cada episodio en “lo oscurito” cuando los reflectores duermen y la opinión pública, ilusionada, vuelve a seguir el derrotero de los muy célebres “ratones verdes”, líderes en derrotas a través de los tiempos.

El Reto

Reforma energética habemus. Y callejoneadas también, como en el principio. Sólo las bancadas partidistas en el Congreso, acaso cansadas de tantos forcejeos, optaron, por fin, por la puesta de acuerdo. Pero ello no significa que la mayor parte de los mexicanos coincida con los términos de las minutas reformistas. Y tampoco esto debe tomarse como un torpe reconocimiento a la capacidad de aglutinamiento del cada vez más rechoncho -la curva de la felicidad se nota-, Andrés Manuel López Obrador.

Porque si los desavenencias financieras nos mantienen en jaque, las voces destempladas, chillonas y agudas, han rebasado toda capacidad de tolerancia. Sobre todo porque, insisto, han resultado más que inútiles. La reforma está por asegurarse, hoy mismo, y los lópezobradoristas, los sinceros y los mercenarios -¿de dónde salen, por cierto, las verdaderas disponibilidades del “movimiento”?-, parecen cada vez más solos, aislados. Por poco acabarán gritando en el desierto. Y esto tampoco es saludable para la democracia en cierne.

Y a todas estas, ¿con un partido fraccionado, casi pulverizado, podrá López Obrador asegurarse posiciones en el próximo Congreso, con él como voz cantante desde luego en los foros institucionales, y luego lanzar, de nuevo, su proclama presidencial? Abundaremos.

La Anécdota

Desde 2002 vengo insistiendo en lo que escuché decir al Nóbel de Economía, Robert Mundell, en La Habana, entrevistado por Claudia Luna Palencia, brillante conocedora del tema. Cuando se le pidió una fórmula para asegurar los equilibrios en los países tercermundistas, como México, Mundell respondió con gran seguridad:

–Un gobierno inteligente no concentraría todas sus reservas en una sola moneda sino que las diversificaría, esto es colocando una parte en euros y otra en yens, por ejemplo, no sólo en dólares. Así los movimientos especulativos, que se presentarán tarde o temprano, harían menos mella.

Tal, sin duda, habría sido el verdadero blindaje para evitar las devaluaciones “imprevistas”. No se hizo así, por supuesto, dado que los intereses de las cúpulas, financieras y políticas, estaban puestos en otra parte. Las complicidades, por ejemplo, y los réditos soterrados.

WEB: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Tuesday 28 de October, 2008 a las 1:00 pm por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Nacional, Política.

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