Bajo Advertencia

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  • Señal Fronteriza
  • El Gran Invasor

Francamente, los embajadores estadounidenses en México no se caracterizan por su simpatía. Jeffrey Davidow, el anterior inquilino de la sede diplomática, fue tan comedido que al publicar un testimonial sobre su paso por nuestro país habló del “oso” para señalar a los Estados Unidos y del “puerco espín” al referirse a México. Un símil, sin duda, poco afortunado que basó en una falsa leyenda indígena por él inventada. Pero eso no fue lo peor: su periodo se caracterizó por entrometido durante la fase medular de la campaña presidencial de 2000 y el consiguiente triunfo de la alternancia.

Otros de los embajadores recientes, por ejemplo el ex actor John Gavin, se pastorearon por el territorio nacional como si se tratara de jefes de Estado en demanda de pleitesías y hubo alguno, John Dimitri Negroponte –a quien llamamos “negro puente” basándonos en su inductivo apellido-, con un oscuro historial en Centroamérica como promotor de genocidios jamás investigados a fondo.

La llegada del texano Anthony Garza, en plena euforia de la derecha vencedora, fue vista como una reacción de la Casa Blanca respecto a la severa conflictiva sobre los cauces del Bravo y la distribución de sus caudales, querella antigua que ha ido resolviéndose a favor de los poderosos vecinos por ignorancia y negligencia de los representantes del gobierno mexicano. Además se señaló al embajador en curso por ser amigo de los Bush –por lo que se estima factible su retiro una vez que se consume el relevo en la Casa Blanca en enero próximo-, y haber cotejado, de cerca, la problemática planteada por los emigrantes mexicanos.

Pero, más allá de lo rutinario, el señor Garza no ha cesado en su interés por alertar sobre las condiciones negativas que privan en México, muchas de ellas generadas porque su país, Estados Unidos, sigue siendo el mayor mercado de consumo para las drogas sin que se ofrezcan soluciones para frenar, en suelo norteamericano, la distribución y venta de las mismas. Una y otra vez ha dictado sentencias sobre Ciudad Juárez, ahora sí incontrolable porque la autoridad no parece capaz de contener las vendettas frecuentes aunque el tema de loa asesinatos de género mantenga el mayor interés, y respecto a la creciente violencia en la frontera común.

No han sido pocas las ocasiones en las que el propio embajador, en distintas cámaras empresariales y comerciales binacionales, ha subrayado más lo negativo que lo positivo, considerando lo segundo por sus referentes superficiales a la “buena voluntad” del gobierno por combatir a los cárteles y demás bandas delincuenciales, aun cuando insiste en que los empeños no han sido suficientes. Esto es como si tuviera prisa porque el dominio del gobierno de Washington fuera también territorial, esto es para posibilitar el desplazamiento ilimitado de sus agentes para “coordinarse” con los mexicanos, éstos bajo sospecha por las constates infiltraciones mafiosas.

Pues bien, el nada sutil diplomático, para quien se ha pedido en algunas ocasiones la condición de “persona non grata” con la exigencia de su retiro, ha sido el mejor abogado para asestar un nuevo golpe contra la economía nacional al colocar a México entre las naciones de mayor riesgo para los viajeros estadounidenses. Para infortunio nuestro, los datos que maneja son ciertos, entre ellos la lista de ejecutados por vendettas del narcotráfico en lo que va del año: tres mil trescientas víctimas, una cifra cercana a las bajas en tiempos de guerra en las perspectivas con mayores convulsiones del planeta.

Desde luego, y esta es también una realidad, no se han registrado secuelas de incidentes graves, salvo excepciones contadas, contra los turistas que visitan nuestro país y, desde luego, los estadounidenses casi no han sido afectados salvo aquellos con historiales criminales severos. Ello hubiera obligado a una mayor ponderación por parte de Garza aun cuando, por supuesto, las noticias sobre México en el exterior no son la mejor publicidad para los presuntos visitantes.

Lo que, en fin, molesta es la visión, siempre parcial, de los hechos. No imagino cómo reaccionarían los representantes del gobierno norteamericano si en México, igualmente, alertáramos sobre la posibilidad de visitar un país en guerra –Estados Unidos lo está- y con elevados riesgos de presuntos ataques terroristas. O bien si se centrara la atención en la delincuencia urbana registrada en las grandes urbes con todo y sus programas de “tolerancia cero” que han convertido a los “indocumentados” en piezas permanentes de cacería.

Para colmo, como bien sabemos, no son pocos los mexicanos –aunque no hay cifras precisas-, que han sufrido vejaciones diversas en las aduanas del vecino país. Incluso funcionarios de alto nivel, quienes prefieren guardar silencio para no incomodar al gigante, han debido desnudarse en los aeropuertos bajo sospecha. Uno de los incidentes que al respecto trascendió lo vivió el priísta Enrique Jackson, cuando desempeñaba el papel de presidente de la mesa directiva del Senado, en el aeropuerto de Los Ángeles. No se supo si hubo disculpa de por medio o se dejaron las cosas sin removerse las aguas.

Es evidente que con la gran potencia jamás ha existido un trato bilateral igualitario. Pero, sin duda, no parece la mejor actitud la de aprovechar las condiciones negativas que privan en el país para echar más leña a la hoguera sin aceptar, naturalmente, una réplica similar por parte de una nación soberana bajo incesante presión. Si, como dicen, los estadounidenses son “buenos amigos” de los mexicanos se cuidarían de herir susceptibilidades, cuando menos. De otra manera, deberían esperar una réplica en las mismas condiciones como, por ejemplo, se han atrevido a ejecutar otros gobiernos, como el de Brasil, cuando se extremaron las condiciones para la obtención de las visas y se obligó a los viajeros de este país, como a los mexicanos que no tuvimos respaldo alguno, a ser fichados al momento de sus ingresos.

Pero nuestro gobierno calla y acepta. Cada vez más vulnerable e inseguro.

Debate

En Arizona, allá en donde los ciudadanos pueden obtener licencia para matar a los “ilegales” que atraviesen sus heredades fronterizas –los “minutemen” conforman esta nueva casta de cazadores de hombres-, se acusa ahora a los soldados mexicanos de no respetar las líneas fronterizas y haber llegado al extremo de aprehender a un agente estadounidense quien, supuestamente, se identificó en inglés y español como tal y, además permanecía dentro de un vehículo oficial.

No es la primera vez que denuncias de este tipo corren al parejo con las presiones de la poderosa nación vecina. Una y otra vez se ha manifestado que, por la frontera, algunos miembros del ejército mexicano “colaboran” con los narcotraficantes e incluso los escoltan ya en territorio estadounidense. Incluso se ha publicado un libro, “En la Línea” –Plaza y Janés, 2004-, en el que dos agentes estadounidenses, Erich Krauss y Alex Pacheco, exponen, con detalle, algunas de las supuestas incursiones de militares mexicanos cobijados por la impunidad:

“Sólo en tal sitio (la frontera) –denuncian- pueden fuerzas militares extranjeras invadir el territorio de los Estados Unidos, abrir fuego contra agentes federales con rifles de asalto y después irse a casa sin sufrir la menor repercusión…”

El asunto me motivó, cuando redactaba mi libro “Ciudad Juárez” –Océano, 2005-, a indagar en las fuentes militares al respecto. Y un oficial de alto nivel, quien me solicitó el privilegio de la confidencialidad para no ser reprendido por sus superiores, puntualizó al respecto:

–¿Cómo voy a creer eso? ¡Por favor! ¿Ha visto usted cómo vigilan la frontera? (los norteamericanos). Tienen cámaras de televisión, conectadas por satélite, que captan cualquier movimiento; censores, radares, patrullas y, para colmo, armamento. No tenemos siquiera un equivalente en capacidad de fuego. Nosotros no tenemos siquiera con que contestarles. Bueno, nos darían en la madre, para decirlo con toda claridad. Ni modo que nos aventuremos a entrar en su territorio como Pedro por su casa. ¿Ya vio lo que hicieron en Irak?

Fue tan contundente la respuesta que ni siquiera consideré oportuno solicitar réplica alguna.

El Reto

Un apunte, curioso más que otra cosa: los reclamos más altisonantes y las descalificaciones más severas, como las apuntadas, suelen darse en el momento mismo en que se descubren los rastros de intervenciones estadounidenses agobiantes contra los intereses mexicanos. No exageramos. Las coincidencias van haciendo jurisprudencia, como suelen determinar los abogados.

Y ahora, sin duda, hay motivo para ello: las anunciadas indagatorias de Hacienda destinadas a averiguar cuáles empresas y bancos, de filiación estadounidense desde luego, fueron causantes de la debacle artificial del peso. Esto es, compraron dólares sin límites, en un mercado inundado de ellos y con las reservas en la misma moneda más alta de la historia –en el orden de 81 mil millones de dólares ante de los colapsos-, hasta que provocaron las devaluaciones con el tamiz de la crisis global.

Esto es: fueron las instituciones financieras con respaldos en Wall Street, y de ello hay pruebas, las que se avocaron a adquirir dólares y contribuir así, sacudiendo el merado mexicano y acelerando la depauperación colectiva, al caos. Cuando menos cabría exigir que se les exhibiera si nuestro gobierno no es capaz de sancionarlas para evitar incomodar a los cabilderos del Tío Sam, entre ellos el embajador Garza siempre dispuesto a sacar dividendos políticos de los episodios más turbios.

Por desgracia, nuestro vulnerable gobierno está maniatado.

La Anécdota

Así que se acusa a nuestro ejército, que para cuestiones bélicas “no cuenta” según inolvidable sentencia del señor Fox, de invadir a la mayor potencia militar de nuestro tiempo. Esperemos que ello no dé lugar a una “expedición” como la de Pershing destinada a localizar y capturar, objetivos no logrados, al legendario Pancho Villa, el único que históricamente ha penetrado suelo norteamericano. Releo lo publicado en la página 91 de “Ciudad Juárez”:

–“¿Quieres visitar Columbus? –me pregunta el conductor-.

Vamos por supuesto. Medio centenar de millas desde El Paso. El pueblecillo apenas alberga a mil 700 habitantes y es cruce fronterizo animado por el folclor y el recuerdo del general Villa. No hay duda de que el sitio es peculiar en cuanto a ser, en el mundo, el único en el mundo en donde se venera la imagen de un invasor. Por supuesto, los réditos comerciales son atractivos, un valor intrínseco en el mayor mercado de consumo”.

“-—Aquí le enseñan a uno –remata nuestro conductor- hasta dónde se bañó Pancho Villa.
–Si es que se bañó, desde luego”.

En materia de fariseísmos nuestros “primos” del norte se llevan la palma.

WEB: www.rafaeloloretdemola.com

Foto: La Jornada

Esta anotación fue escrita el Monday 20 de October, 2008 a las 9:21 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Nacional, Política.

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