- El Pantano de FCH
- Los Bancos de Fox
No es extraño el declive de los mexicanos en casi todos los renglones. Por si no se habían fijado cada vez es más improbable esperar una victoria de los nuestros en los campos deportivos. Ni en fútbol, ni en tenis ni en atletismo –hasta en la caminata, que fue bastión desde los Juegos olímpicos de 1968, nos superan ahora con facilidad-. En Beijing sólo en el Tae-kwuan-do nuestros representantes sacaron la cara. Tampoco surge un torero capaz de imponerse a las mafias dominantes en el espectáculo y son muy contados los artistas, más bien veteranos, capaces de seducir a los auditorios internacionales.
Hace días me hago esta reflexión ante la escalada de éxitos de los españoles que, durante largo tiempo, parecían estar muy atrás de los niveles europeos. No se olvide que, bajo la dictadura franquista, la frontera de los Pirineos parecía marcar el linde entre el futuro y el pasado. Pero, a partir de 1975, tras la muerte de quien fue llamad “caudillo” y el inicio de la vida democrática, las condiciones cambiaron: en treinta y tres años, desde entonces, España pasó del oscurantismo a la vanguardia del desarrollo, no sin problemas –como el odioso flagelo del terrorismo que se recrudece por momentos-, pero con el decidido empeño de abatir, entre otras cosas, las distancias de clase. Y lo han conseguido.
Nuestro país, en cambio, no sólo pierde lauros sino dilapida recursos y se abarata. No es otra la razón por la cual, claro, no cesan las inversiones foráneas a pesar de los niveles críticos en materia de seguridad. En otras épocas, la violencia en expansión habría provocado una huída generalizada de capitales porque para los especuladores no hay signo más riesgoso que la inestabilidad social. Pero ahora no es así, al contrario: a medida que aumentan los sacudimientos crecen también las baratas y de éstas se aprovechan algunos de los mayores “aliados”, más bien cómplices, de nuestro sistema.
Tal es, sin duda, el efecto más costoso de cuanto ha venido sucediendo en el territorio mexicano en los últimos años bajo un gobierno inoperante, también medroso, incapaz de ofrecer salidas viables y escenarios distintos. No puedo hacerlo, sencillamente, porque se desmantelaría a sabiendas de la profunda contaminación que sufren las estructuras sostenedoras del sector público. Un desafío, sí, que no puede ni quiere ni sabe enfrentar quien se propuso para ejercer la Presidencia sin tener conciencia real de los peligros a los que se enfrentaría, acrecentados además por sus pecados originales y la resistencia de sus opositores. La crispación se enciende, por tanto, con cualquier pretexto.
Tenemos las manos vacías. Es falso que se esté ganando la guerra contra los violentos. No hay un solo elemento que nos permita secundar la tesis central de un gobierno rebasado, peor aún, maniatado, acerca de que va ganando espacios cuando es lo contrario. Sobre todo porque no tiene arrestos para iniciar siquiera su propio saneamiento, exhibiendo a los mandos contaminados y a los tantos personajes, con fuero constitucional, ligados con las peores mafias. Nos hemos cansado de señalar sus nombres y ni siquiera se intenta una respuesta.
Han llegado a nuestros correos electrónicos, copias de decenas de mensajes dirigidos al huésped perentorio de Los Pinos. Este tratamiento no pretende ser despectivo sino más bien un recordatorio de que el tiempo se agota y no es un recurso renovable. Ya se han perdido casi dos años, más los seis anteriores y los otros seis, desde 1994, cuando la barbarie se instaló en la casa presidencial sin que la justicia alcanzara a los mayores predadores. Todo lo demás, desde luego, ha sido consecuencia.
Claman a Felipe Calderón porque ocupe alguno de los tantos vacíos que conforman su entorno. Vamos, que se atreva a gobernar sin las tibiezas de los mediocres y con el rigor de quienes construyen la historia, soslayando riesgos. Si se ofreció para desempeñar un liderazgo, aun cuando hubiera sido impulsado por los malos vientos del desaseo comicial, debe responder a ello.
Lo terrible es que no hay respuestas. Y quienes las intentan, bajo la presión general, salen trasquilados. La razón de ello es muy simple: ya no es tan sencillo engañar al colectivo con frases hechas y lugares comunes. Para colmo existen evidencias incontestables sobre la similitud de discursos, acuerdos y ofrecimientos de cuantos han pasado por la oficina principal de Los Pinos. Sólo cambian los rostros y los tonos, las gesticulaciones pero no la estructura, ni siquiera la sintaxis, de los pronunciamientos rimbombantes sobre la “unidad de todos los mexicanos” y la certeza de que “México es más grande que sus problemas”, una sentencia con el más puro corte salinista. Otra vez, el símil entre dos mandatos acremente cuestionados por su legitimidad política.
Sí, estamos con las manos vacías. Casi sin escapatoria posible. La decepción, claro, se vuelca hacia todas las actividades. Los mafiosos, que los hay por doquier, aprovechan las baratas de impunidad para cobijarse y hacer de las suyas, lo mismo en las federaciones deportivas que en las empresas taurinas que defraudan, escandalosamente, a un público en estado de indefensión pero cada vez más harto de los desmanes. Poco a poco, nos vamos quedando más solos, pero no tanto como el usufructuario del Ejecutivo federal que acaso desearía estar lo más alejado posible de Los Pinos para volver a observar el revoloteo de las mariposas monarcas por el enlutado cielo de Michoacán.
¿Cómo presagiar, en estos términos, un buen final del sexenio en curso?
Debate
Los mafiosos, insisto, tienen las manos sueltas. No podría ser de otra manera cuando el gobierno, sea por acción u omisión, ha trabajado para ellos. Fox alegó que los dejaría irse cuando comprendieran que ya no había sitio para ellos y acabaron por devorárselo sin siquiera haber sido afectados. Y Calderón, medroso, optó por dejar las cosas como estaban sumándose a las corporaciones antiguas, como la del magisterio, para encaramarse al poder sobre los veneros de la resistencia popular. Cuando Elba Esther, la “novia de Chucky”, le levantó la mano, en ese momento pereció la incipiente, bisoña democracia nuestra.
No hay justificación ni perdón para ello. Sobre todo porque la claudicación oficial conlleva una enorme traición al electorado por parte de la derecha que no sólo dio continuidad a la vieja cauda del priísmo sino que, en no pocos casos, dio origen a versiones, corregidas y aumentadas, de los vicios precedentes. Los propios panistas, como Federico Ling Altamirano, así lo reconocen (“Destapes”, Océano, 2004):
–“Setenta años en el ejercicio del poder –dijo, un día de 2003, Ling-, llevaron al PRI a conocer la corrupción de la A hasta la Z. Pero en apenas tres años, desde el 2000, el PAN ya va en la W… ¡Y lo qué falta!”
Por supuesto, los cimientos podridos sobre los que pretendió asentarse el llamado “nuevo régimen” acabaron por erosionar toda la estructura. Y es que los representantes del antiguo modelo autoritario permanecen en las funciones públicas, dirigiendo las actividades hacendarias y las agendas legislativas, también movilizando a las fuerzas de seguridad pública –quienes fueron espías en el régimen anterior son ahora los jefes de las corporaciones-, mientras el mandatario nacional, copado, insiste en que confiemos en él aunque esté maniatado. Sencillamente absurdo.
Calderón, desde el arranque, mostró dos condiciones de su perfil político: bien intencionado y poco hábil para sortear los retos. Lo dijo todo su rostro, sudoroso y desmadejado, tras la jornada electoral de 2006, frente a una perspectiva que, ya desde entonces, rebasaba su pobre ánimo y su capacidad real. No fue culpa suya sino de quienes se inventaron un liderazgo inexistente para evitar que Vicente Fox tuviera todos los ases en la manga. Fue acaso un tímido signo de democratización, hacia el interior del PAN, aun cuando sólo duró un suspiro. Semanas después, el presidencialismo volvió por sus fueros y modificó los escenarios electorales. Y el tímido viento de la renovación cesó.
Insisto: en política sólo se da un error y todo lo demás es consecuencia.
El Reto
Y si los vacíos de poder se extienden, los abusivos se nutren. Me escriben no pocos aficionados a los toros quienes han sido defraudados. Desde hace años, conservan y renuevan sus tarjetas de derecho de apartado para asistir a la temporada grande en la Plaza México; lo hacían, además, a sabiendas de que estas tenencias se revaluaban cada año… hasta que comenzaron los golpes bajos de la empresa.
Este año se anuncia un elenco sin figuras, ni mexicanas ni españolas, y con una pobre cartelería de encierros. Con ello, claro, se fomenta el hastío para que cancelen sus derechos quienes, desde hace años, han mantenido al espectáculo. Una especulación barata, grotesca incluso, avalada por la ignorancia de las autoridades del ramo. Pero, además, los empresarios son cínicos e insisten en que quieren darle oportunidad a los “nuevos valores” a quienes no placean ni promueven y dejan al garete.
Tal es un ejemplo, por demás claro, de cómo se desarrollan los negocios en ausencia de rectorías oficiales y de políticas protectoras para los consumidores. En los territorios sin leyes, los facinerosos siempre se llevan el gato al agua. Y es tal lo que está ocurriendo en todas partes. Y no podemos sino extender sospechas sobre los contubernios ocultos entre funcionarios venales y promotores y empresarios sinvergüenzas.
Los mexicanos, bajo la violencia creciente, no tenemos, en apariencia, escapatoria. Abundaremos.
La Anécdota
Durante la administración foxista se hicieron patentes las negociaciones soterradas de la pareja en cogobierno. Basta analizar los privilegios concedidos a quienes ampliaron coberturas o las iniciaron en los campos financieros.
Dos fueron los bancos emblemáticos. El primero, el Citigroup, señalado por haber sido descubierto en flagrancia como gran lavandería de dinero sucio, adquirió Banamex –como denunciamos reiteradamente- a precios de oferta y sin mediar crisis alguna en la institución. Sencillamente, el aval presidencial posibilitó el traspaso con grandes dividendos para el consorcio estadounidense bajo sospecha.
El segundo de los bancos privilegiados fue el primero en fundarse tras la alternancia: el Azteca, precisamente para favorecer al clan Salinas Pliego, dueño de la televisora de la misma denominación que “ganó” en subasta amañada con el dinero prestado por Raúl Salinas de Gortari. Así se le dio nuevo aspecto a la casa cambista camuflada con una mueblería, Elektra, una moderna tienda de raya bajo los auspicios del “cambio”. Fuimos hacia atrás y no hay quien, siquiera, disponga lo necesario para hacer justicia.














