Encierros y Amenazas

Reclutamiento irónico del narco

  • De Radares Escondidos
  • La Campana de Dolores

En septiembre de 1985 Guanajuato vivió una situación anómala que acaso fue antecedente para la espectacular crecida de la derecha en la región y la consiguiente caída del PRI que la consideraba uno de sus baluartes más sólidos: gobernaba el mandatario sustituto, el jurista Agustín Téllez Cruces, porque quien debió concluir el periodo constitucional, Enrique Velasco Ibarra, fue cesado por el gobierno central por no poder hacer frente a las múltiples denuncias de corrupción e ineficacia. Velasco, quien había sido el secretario ujier de José López Portillo, fue la viva materialización del Sancho Panza escudero que recibió en premio su propia ínsula… hasta que el sueño y la alegoría terminaron drásticamente.

Al llegar las vísperas de las fiestas de la patria se escuchó la voz del clero anunciando que se levantaba el baldón de la excomunión sobre los próceres de la Independencia, Miguel Hidalgo y José María Morelos, a quienes se satanizó en vida por impulsar la lucha armada desde su condición de curas de pueblo. Y las altas jerarquías eclesiásticas se llevaron ciento setenta y cinco años en resolver el diferendo histórico reconociendo las aportaciones excepcionales de sendos personajes a la gran cruzada universal por la libertad.

Y se dio el caso de que el Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, en plenitud entonces, visitara la histórica Dolores Hidalgo, cuna de la Insurgencia, para anunciar la buena nueva desde el sitio exacto desde donde fuera arengada la multitud a integrar la sagrada rebelión que dio origen a México. No se olviden las restricciones imperantes en ese año sobre manifestaciones religiosas, prohibidas expresamente en el texto constitucional –no se había reformado el controvertido artículo 130 que limitaba los alcances de las instituciones religiosas al negársele personalidad jurídica-, ni las secuelas trágicas de la Cristiada, enfrentamiento fratricida exaltado por los fanatismos en pro y contra del clero, cuyos peores desenlaces se dieron en Los Altos de Jalisco y en el Bajío guanajuatense.

Para contrarrestar en parte el imán de la convocatoria católica, el mandatario estatal, el ex Ministro de la Corte Téllez Cruces, profundo conocedor del Derecho, optó por realizar su propia gira de trabajo para situarse en la urbe histórica al mismo tiempo que los peregrinos y feligreses listos a marchar en procesión por las rúas. Y Téllez, el gobernador, optó por guarecerse en la casa de gobierno, a unos cuantos metros de distancia del templo que sirvió de escenario para el levantamiento, mientras las altas jerarquías religiosas ganaban las calles, exaltaban los palios que cubrían las imágenes sagradas y cantaban sus letanías como si ninguna restricción hubiera. No sé quien ganó: si los libertadores en su gloria revolucionaria o cuantos, sotanas en ristre, obtuvieron una presencia territorial que les había sido negada durante décadas.

Así fue: la autoridad civil encerrada y los oficios religiosos desbordados en aprovechamiento de la amalgama entre quienes se arrogan las representaciones de Dios y la Patria. La Iglesia de Dolores, de la cual pendía, en uno de sus torreones, la campana que tañe cada 15 de septiembre en Palacio Nacional, símbolo de la nacionalidad adormecida que se vuelve clamor festivo bajo el cielo iluminado por la pirotecnia, es uno de los mayores ejemplos de la fusión entre el civismo y la religiosidad, la historia y la acendrada fe de los mexicanos. Debiera se un museo pero sigue siendo un recinto religioso destinado al culto católico y sin más altares que los iconos tradicionales, sin nicho alguno para los héroes salvo las placas que delinean el lugar exacto desde el cual Hidalgo se erigió en “padre de la patria”.

Pienso en todo ello cuando, de nueva cuenta, observo al gobierno acorralado si bien en contexto diferente. Quienes están dentro de los claustros políticos son los funcionarios que debieran dejar la comodidad de sus despachos para enfrentar la realidad; y afuera, en cambio, se pastorean –sin que ello signifique, de modo alguno, equipararlos a la grey del relato inicial- quienes no sólo desafían a la ley sino, de plano, la incumplen y suplantan instalando la anarquía como modus operandis.

Bastaría el triste ejemplo de la gobernadora yucateca, Ivonne Ortega, en cuya entidad aparecieron doce decapitados –allá en donde siempre se dice que “no pasa nada” para exaltar la tranquilidad habitual-, culpándose de ello a los intratables “zetas”, quienes vinieron del norte para cubrir todo el territorio nacional; y, por el sur, se extienden los centroamericanos “maras”. Nuestros gobernantes, por supuesto, prefieren sacar las manos evadiéndose de cumplir con sus deberes básicos.

Pues bien, la señora de referencia, heredera del viejo cacicazgo –es sobrina del extinto “balo” Cervera Pacheco-, sólo alcanzó a quejarse de las amenazas proferidas contra ella y sus operadores tras algunos narcomensajes que presumiblemente iban dirigidos a su jefe de policía. ¿Y saben ustedes qué respondió el destinatario? Sencillo, dijo que sus intereses sólo estaban con la sociedad y, por ende, no comprendía la alusión a los compromisos por cumplir signada por los operadores criminales. Ante los señalamientos directos, la salida fácil de la demagogia. Como siempre.

Cuando un gobierno se enclaustra y cierra mientras los infractores ganan espacios y desafían a las autoridades, desnudándolas además como sus cómplices, es evidente que la guerra la está perdiendo la sociedad… por ausencia de liderazgos. Es una enorme pena.

Mirador

Otra historia paralela es la de los espacios aéreos sin coberturas de radares. En no pocas ocasiones he referido que, cuando menos, dos amplios triángulos del silencio posibilitan el tráfico por área de los grandes cargamentos de droga. Por algo, claro, fue célebre el “señor de los cielos”, el mayor de los muertos vivientes del sistema, Amado Carrillo Fuentes. Los corredores en cuestión se encuentran, el primero, sobre una porción del norte del país, esto es sobre la frontera más transitada y acaso más vigilada del mundo –no deja de ser una paradoja extrema que el concurrido aeropuerto de Ciudad Juárez, en donde se fecundó el célebre cártel de Carrillo Fuentes, carezca hasta la fecha de radares para el control aéreo lo que obliga a los pilotos a despegar y aterrizar visualmente con apenas auxilio de la torre de control-, y el otro a lo largo de una franja que se extiende por la parte menos poblada de la península yucateca.

No fueron pocas veces las que este columnista denunció un hecho incontrovertible, jamás investigado judicialmente: precisamente durante el interinato de Víctor Cervera, entre 1984 y 1988, esto es antes de violentar la Carta Magna con su reelección, el mandamás ordenó la construcción de, nada menos, cuarenta y dos pistas clandestinas de aviación supuestamente para que pudiera estrechar cercanías, dijo, con los yucatecos más marginados. Sin embargo, sus recorridos por aquella región fueron contados pese a la erigida infraestructura aeroportuaria dejada casi sin uso… para fines oficiales.

En “Los Cómplices” –Océano, 2001- escribí:

–Hay algo que no cuentan las autoridades mexicanas. Existen dos agujeros negros sobre territorio nacional: uno que abarca un corredor aéreo a través de la península de Yucatán; otro que se extiende desde el norte de Coahuila hacia la frontera oeste de los Estados Unidos.

Y hay bastante más; a finales de 1992, en pleno auge del salinato, el entonces secretario de Comunicaciones y Transportes, Andrés Caso Lombardo, fue acusado de haber recibido una “mordida” de un millón de dólares para dejar fuera de la subasta para dotar de una red de radares a los principales aeropuertos del país –misma que apenas se ha desarrollado desde aquella fecha-, a la IBM. El representante de esta empresa, Kaveh Moussavi –hijo del ex ministro de la Defensa de Irán bajo la autocracia del Sha Reza Pahlevi, denunció al funcionario. Caso debió renunciar a su cargo, como consecuencia del escándalo, aduciendo que lo hacía para defender su buen nombre rebatiendo, en tribunales, a su acusador. Jamás lo hizo.

¿Y los radares? Ni siquiera se dio seguimiento judicial a la querella de Moussavi. Más bien cayó sobre el asunto el velo de misterio que sirve de cortina de humo a los grandes predadores nacionales con enorme capacidad operativa debajo del agua.

Polémica

La que sigue igual es la sociedad acorralada. No deslindes históricos ni antecedentes cuentan cuando se trata de disimular los agravios contra ella responsabilizándola también por las tremendas negligencias públicas. De allí las pretendidas “redes ciudadanas”, armadas a imitación de Caracas pero con sustentos cercanos al estado-espía de los Bush, con las que se pretende paliar las tremendas lagunas de las corporaciones policíacas extendiendo a la ciudadanía el deber de vigilar para señalar sospechosos cercanos mediando una clave secreta destinada a que los acusadores conserven el anonimato. Acabaremos por dudar hasta de quienes nos rodean cotidianamente.

En las rebatiñas por venir, mientras se implementan proyectos a mediano y largo plazo, seguramente los saldos serán ominosos para la gran comunidad nacional. En cambio, los funcionarios pasarán y ganarán el privilegio de la impunidad apostándole, como hasta ahora, a la amnesia colectiva, siempre redituable para los grandes cómplices del establishment.

Si de verdad pretenden los altos funcionarios comenzar a poner el orden, ¿por qué no intentan resolver los casos comprometedores como los que hemos contado líneas arriba? Si, cuando menos, los antiguos predadores son exhibidos, sería factible encontrar algunas de las fuentes en donde abrevan, todavía, los grandes mafiosos camuflados.

Por las Alcobas

Va el siguiente episodio para sonreír y relajarse tras el estrés que significa medir la realidad de nuestros días.

En aquel 1985, marcado además por el recorrido por todo el país de los “símbolos patrios” –la campana, la bandera y los textos originales del Himno y la Constitución-, se calculó que para la emblemática fecha del 15 de septiembre el bronce, cuyas campanadas despertaron a la vida independiente a quienes tuvieron el honor de ser los primeros mexicanos, fuera colocado en su lugar original: una de las torres del Templo de Dolores. Y, por supuesto, el entonces presidente, Miguel de la Madrid, sería el responsable de hacerlo tañer. Así se hizo.

Lo curioso es que, por delegación, el encargado de presidir la ceremonia del “Grito” en el zócalo capitalino fue quien fungía como regente, el guanajuatense Ramón Aguirre Velázquez. Cumplido el rito, éste no pudo sino exclamar:

–Resulta que cuando le tocó a un guanajuatense tocar la Campana de Dolores… sólo pudo hacerlo con una réplica.

El centralismo se impuso, como casi siempre.

WEB: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Sunday 07 de September, 2008 a las 12:00 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Veneno Puro, Narcotráfico, Nacional, Política.

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