Hay Soluciones

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  • “Manto Sagrado”
  • Los Peores “Ex”

Es como una fiebre colectiva que se extiende a diario por los caminos de México. Miles quieren escribirle al presidente en funciones para brindarles, en ejercicio cabal de imaginación e ingenio –dos características poco usuales entre los actuales funcionarios públicos-, algunas soluciones a la grave conflictiva actual… antes de que las mafias nos obliguen a acudir a las urnas para elegir, democráticamente claro, al “capo” mayor del país. Sólo eso nos falta detrás de las cortinas de humo de la simulación a las que nos hemos acostumbrado.

Van y vienen los mensajes y sugerencias, en todos los tonos –incluso hasta laudatorios para expresar solidaridad con las fuentes gubernamentales puestas en jaque-, con un hilo conductor: la demanda general a favor de una reacción firme, enérgica, por parte del llamado “primer mandatario” y de los responsables de la seguridad pública. No se entiende el gobierno si no se dan decisiones contundentes, esto es sin miedo a quedar mal con determinados grupúsculos chantajistas, y se señalan salidas viables con el consenso de las distintas instancias de gobierno, sean o no coincidentes en las líneas políticas. No se olvide que respecto a los valores esenciales los matices ideológicos apenas se perciben. O, cuando menos, así debiera ser. ¿Acaso habrá algún político, de esos que hablan todos los días sin pensarlo mucho, capaz de negar la importancia de la soberanía nacional, la libertad y la justicia?¿O la democracia, entendida ésta como el escenario más equilibrado para una comunidad plural por esencia? Abrevar en las coincidencias de modo alguno puede considerarse una desviación de la esencia formativa sino, más bien, confirma la madurez y civilidad de cuantos estrechan afinidades.

Es increíble, pero lo anterior es más fácil de digerir entre los comunes, como ustedes y yo amables lectores, esto es por cuantos no tienen signados compromisos sectarios de por vida aun cuando se conviertan en tránsfugas a su paso por distintos partidos –la remembranza de Churchill, el gran Canciller inglés que se dormía conservador y se levantaba liberal, es inspiración para no pocos mutantes de la política vernácula-, que en los apartados superiores del gobierno en donde la soberbia confluye, sin remedio, hacia la intransigencia y también en los escenarios callejeros de la oposición radical. Basta observar como desprecian, en uno y otro bando, a cuantos les cuestionan suponiendo que están todos vendidos –quizá algunos sí lo estén- a los contrarios. Lo grave es, desde luego, negar cualquier criterio discordante por creerse en posesión de la verdad absoluta.

Sugieren al presidente lanzar una iniciativa para reinstalar la pena de muerte –la figura no está desterrada del todo para el caso de los traidores a la patria- contra secuestradores y narcotraficantes –se olvida a los terroristas acaso porque, hasta el momento, vamos librándonos de ellos-, formar cuerpos paralelos de seguridad antes de sanear a fondo a las minadas corporaciones policíacas y al ejército en donde los mandos están profundamente divididos, desalentar a los pandilleros juveniles integrándolos a la sociedad con oportunidades laborales redituables, combatir la marginación social con seguros para el desempleo a la manera del primer mundo, coordinar esfuerzos con otras naciones y crear un cuerpo multinacional de seguridad destinado, en exclusiva, a perseguir a las mafias dominantes con coberturas internacionales y, en fin, perseguir con energía a los delincuentes de acuerdo al viejo proyecto neoyorquino de “cero tolerancia”.

(Sobre este último punto, no olvidemos que, con intervención de Carlos Slim Helú, el personaje más influyente del país y el mayor multimillonario del planeta, se contrató al ex alcalde de Nueva York, Rudolph Guiliani, para que implementara en la ciudad de México un plan de salvamento contra la inseguridad pública. No fueron pocos los millones de dólares invertidos para este fin… sin que se conociera si hubo algunas aplicaciones al respecto. Sabemos, eso sí, que Slim y Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe del gobierno defeño, terminaron por distanciarse poco después. El poderoso empresario, sin querer polemizar, sólo aceptó, ante este columnista, que el político tabasqueño, acaso por distracción, solía dejar truncos los proyectos).

Es interesante subrayar los continuos fracasos en el reglón. Y la exaltación oportuna de la demagogia como salida fácil. El hecho es que, con tantos antecedentes discursivos, los mensajes presidenciales ya no calan en una sociedad cansada de engaños y hastiada de las mismas cantaletas desgastadas. Sólo con el tiempo utilizado por los mandatarios predadores en justificarse, uno y otra vez, podría haberse encaminado cualquier decisión para combatir violencia y desigualdades sociales en vez de favorecerse la especulación y las complicidades soterradas.

¿Cuál es la posición real del bienintencionado Felipe Calderón? Se encuentra entre las demandas generales y los intereses corporativos, digamos mejor entre el deber y los compromisos adquiridos en su sinuoso andar a la Presidencia. Por lo primero, si de verdad quiere legitimar su andar, debiera actuar, sobre todo, con firmeza y sin miedo; por lo segundo, dispara frases insubstanciales mientras posibilita que los mafiosos ganen tiempo.

Digámoslo de otra manera: cada que se insiste en la toma de decisiones “a mediano y largo tiempo”, se entrega el presente, sin eufemismos, a las bandas delincuenciales. Es como si se les dijera: tómense su tiempo que la respuesta gubernamental va para largo. Y siguen llevándose los botines.

Debate

Me imagino que los ujieres de Los Pinos deben estar saturados por las misivas que le llegan al Presidente. ¿Cuántas llegarán a sus manos y cuántas recibirán sólo el trato protocolario del acuse de recibo? No son pocas, además, las que ni siquiera son motivo de respuesta contraviniéndose así uno de los tan exaltados derechos constitucionales: el de petición que obliga a los funcionarios públicos a contestar, en forma y tiempo, a la solicitud de cualquier ciudadano, sin importar jerarquía ni nivel sociopolítico. A veces, muchas veces, nos olvidamos de las prerrogativas de los hombres libres acostumbrados, como estamos, a las funciones discrecionales del poder.

Vayamos a las “sugerencias”. Acerca de la pena de muerte ya hemos expresado nuestra opinión: ante situaciones excepcionales, medidas extraordinarias. Sobre todo cuando el deslinde de hechos obliga a ponderar entre una vida, la del victimario por naturaleza, y la vida de la colectividad amenazada en grado superlativo por la recurrencia de los crímenes bajo el oprobio de la extorsión y, para colmo, la colusión de agentes judiciales, policías y militares.

Cuando se pregunta de quiénes debemos cuidarnos más, entre delincuentes, cuerpos de seguridad o el ejército –ello a la vista de los tantos retenes inconstitucionales que sirven para atemorizar a los viajeros comunes en tanto los mafiosos encuentran otras rutas expeditas-, es porque el grado de infección es muy elevado y tremendamente corrosivo. Y esto debiera llegar a los oídos de quien ostenta el cargo ejecutivo de mayor responsabilidad aun cuando le volteen las espaldas quienes se sienten con derecho a cuestionarle su origen. ¡Ay, cuán elevado ha sido el costo de la ilegitimidad política! Precisamente ello ha generado los espacios vacíos que los criminales han cubierto. Medítenlo, desde dentro y fuera, cuantos son incondicionales del pro o de la contra.

Sí, hay soluciones. Para tomarlas, sin embargo, hacen falta varias condiciones fundamentales:

  1. La solvencia moral y política sobre las cuales es factible construir los liderazgos.
  2. El apoyo ciudadano que obligue a las dirigencias partidistas a salirse de sus sectarios acentos.
  3. La decisión de actuar con energía para sanear, primero, las instancias oficiales contaminadas.
  4. Y, sobre todo, valor para esperar y enfrentar las consecuencias con distintas opciones en las manos.

Cualquiera otra cosa sería, además de suicida, impráctica e ineficiente. Pero que no se alegue impotencia, no cuando se tiene la enorme responsabilidad de asegurar la vida de la República, por claudicación temprana. No se olvide: “se puede gobernar de todas maneras, menos con miedo”. La máxima, que escuché en voz de un gran gobernador yucateco anterior al cacicazgo ruin, cobra hoy excepcional importancia.

El Reto

Un amigo de esta columna, me escribe para preguntarme si la organización secreta, “el Manto Sagrado” –descrita, con abundancia de citas, en mi novela más reciente, “Las Tumbas y Yo” bajo los auspicios de Grijalbo-, pudiera haberse desarrollado hasta nuestros días incluso interviniendo en el desorden actual, prohijando la violencia por el consiguiente reacomodo de fuerzas e intereses en aprovechamiento cabal de la debilidad de un gobierno cuestionado.

Le respondí, un tanto evasivo, interrogándole acerca de qué creía él. Buena parte de las respuestas está en el texto citado, ampliando la vista más allá de las cortinas de humo habituales. Y otra, desde luego, la hallamos en la realidad misma, infectada por vendettas y ejecuciones que nos han convertido en uno de los países más violentos sobre la tierra, a la par con Irak, nada menos, y la desangrada Colombia que nos lleva delantera, en años, en cuanto a los ajustes de cuentas si bien ahora los cárteles mexicanos han tomado ventaja para infortunio de una sociedad acorralada.

El “Manto”, desde luego, sigue vivo. Y acaso sigue considerándose con el derecho de asegurar los equilibrios, en la dicotomía fatal entre el bien y el mal, de acuerdo, claro, a sus propios intereses.

La Anécdota

Me demandan asimismo una nueva lista de ex mandatarios perniciosos. No los más señalados sino aquellos que consideramos los más dañinos. Entre los primeros, bajo la influencia mediática, sigue destacando José López Portillo, víctima de la oligarquía de su tiempo afectada por la estatización bancaria infructuosa. De los segundos, vamos a ocuparnos intentando una apretada lista:

  1. Miguel de la Madrid, oscuro y en apariencia gris, cuyo mandato se caracterizó por la consolidación de los cárteles y el número de asesinatos contra líderes de opinión y dirigentes políticos.
  2. Vicente Fox Quesada. Sí, después del anterior. Generó expectativas tan grandes que su caída fue de la misma dimensión, dejando crecer a las mafias y prohijando los escenarios que nos reventaron en la actualidad.
  3. Carlos Salinas de Gortari, el “genio” del mal que confluyó hacia la barbarie política.
  4. Ernesto Zedillo Ponce de León, el gran simulador que habilitó a los especuladores actuales.
  5. Luis Echeverría Álvarez, el gestor del populismo.

La historia se encargará de resolver el juicio definitivo.

Web: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Thursday 04 de September, 2008 a las 7:00 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Nacional, Política.

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