Tumbas sin Paz

Tumba de José de la Cruz Porfirio Díaz Mori

  • Uso de Ficción
  • De la Nostalgia

Los paralelismos entre los personajes históricos de distinta filiación política e ideológica se evidencian más ante la contemplación de sus túmulos. Dicen bien que los seres humanos no morimos sino hasta la extinción del último recuerdo sobre nuestra existencia. Mientras haya alguien capaz de perpetuar en su memoria a quien cesó en su presencia física éste no morirá del todo. Y no es una vana alegoría sino la certidumbre que deviene de una realidad incontrovertible: el profundo sentimiento de cercanía espiritual que surge cuando un ser amado se aleja del mundo de los vivos.

Cuando escribí “Las Tumbas y Yo”, en una extraña fascinación por la muerte que no es otra cosa que exaltación a la vida plena, me plantee la necesidad de descubrir en lápidas y epitafios, también en los legados que se abren como hilos conductores incluso de la historia contemporánea, no pocos de los misterios asfixiantes que la sociedad universal asimila, tantas veces sin entender del todo los hechos con un dejo de fatalidad que se convierte, al paso de los años, en una permanente punzada contra el espíritu atormentado. Romper esta secuela, o pretender determinarla, siempre será un enorme desafío.

Escribí “Las Tumbas” en busca de respuestas a tantas interrogantes que nos flagelan por dentro. Acaso la ausencia de justicia sobre los crímenes y otras afrentas que nos han convertido en rehenes de la simulación política, provoca la necesidad, siquiera, de intentar resolver los porqué. ¿O, de verdad, hay quien crea que no hubo una conjura detrás del asesinato de Colosio y otra, con idénticos vasos comunicantes, antes del homicidio de Ruiz Massieu en el mismo, trágico 1994? En la misma línea, en los estertores del franquismo, el crimen contra el presidente del gobierno español, el almirante Carrero Blanco, en Madrid, cuando se fraguaba la transición inevitable –por la edad del llamado “caudillo”- y se recrudecía la represión contra los nacionalistas, dejó un tufo de complicidades sin cuento incluso con acentos religiosos. Y, hasta el momento, nadie ha podido resolver los enigmas. Pero allí están las tumbas.

Es notable, amables lectores, descubrir, en el análisis político sobre los más encumbrados personajes políticos, comportamientos semejantes con soslayo de pretendidas formaciones y tendencias hacia un lado y otro de la balanza ideológica. En el usufructo del poder, mujeres y hombres coinciden en la aplicación de los métodos represivos; lo mismo si se dicen liberales o conservadores, monárquicos o republicanos, socialistas o capitalistas.

Así, si Franco se permitió el lujo de crear distintas corporaciones secretas destinadas a reprimir a los disconformes peligrosos, años después, en la década de los ochenta y luego de la victoria del izquierdista Felipe González Márquez que legitimó el cambio estructural del Estado español sobre los rescoldos de la dictadura, el gobierno “democrático” no hizo sino seguir las antiguas huellas a través de los célebres GAL destinados a cobrar, mediando el proverbio del “ojo por ojo”, los crímenes de terroristas, como los etarras, y otros anarquistas deseosos de romper a España para medrar políticamente en las regiones destazadas. Incluso fue idéntica, en sendos casos, la simulación y crecieron, bajo su cobijo, las inefables cortinas de humo. ¿Los extremos se tocan?

Las conexiones son, en no pocas ocasiones, bastante más profundas que lo captado superficialmente bajo el dominio de las interpretaciones sesgadas, inducidas desde las fuentes del poder. Las versiones oficiales suelen ser epitafios, muchas veces, para asegurar el entierro de las víctimas y el desarrollo de una estabilidad basada, claro, en la permanencia de los grupos dominantes. De esto se trata el incesante duelo de los grandes operadores de la vida institucional, incluso a contracorriente de la historia.

¿Captan entonces por qué el cambio prometido abortó tras consumarse la primera alternancia, en nuestro hollado México, para mantener las líneas generales del continuismo?¿Y la razón por la cual los mandatarios de derecha asumen que pueden rebasar por la izquierda y los supuestamente liberales concentran sus afanes en la conservación del estado de cosas, trastocando los acentos revolucionarios para exaltar el discurso sobre la conducción “responsable”? Así en México, también en España y en todas las naciones.

No hay contradicción mayor al andar del personaje más belicista de nuestro tiempo, George Bush junior, arropado por el Papa, el alemán Ratzinger, fraternizando ambos bajo el peso moral del Vaticano en los delicados momentos de una crisis global promovida por los especuladores de Wall Street. El mundo en jaque y los ejecutores del mal al pie de los altares pidiendo absoluciones históricas antes de someterse al juicio inapelable de sus contemporáneos. ¿Hasta dónde pueden llegar las infiltraciones?

El peso específico de las corporaciones religiosas también cuenta. ¿Habría sido posible sostener a la dictadura franquista sin las bienaventuranzas del alto clero? Todavía hoy, al calor de las disputas entre la ultraderecha y los vanguardistas jesuitas, por ejemplo, se estima que las sociedades secretas han conformado, y siguen haciéndola, no sólo los actuales escenarios sino los desenlaces que ya se presagian en un mundo sin contrapesos, bajo el dominio de la hegemonía estadounidense.

Por eso fui a los oscuros sepulcros en busca de alguna luz.

Debate

Las dudas y sospechas abanican, no sólo alimentan, la vida productiva de escritores y periodistas. Aun cuando no puedan disimularse simpatías por alguna causa, es imposible evitar que el raciocinio nos obligue a repasar los episodios más sonoros tratando de encontrarles cuadraturas. Recuerdo a una colega quien, ansiosa, se dio a la tarea de penetrar en la zona del conflicto en Chiapas, deslumbrada por la personalidad del subcomandante “Marcos”, para luego concluir:

–Quiero verlo como me gustaría que fuera…

Esto es casi un impulso para acomodar los hechos a lo que deseamos expresar. Y suponer, además, que cualquier otra cosa es claudicante y egoísta. Tal piensan, por ejemplo, los incondicionales de Calderón y los de López Obrador, convencidos de que cualquier crítica hacia ellos, desde la perspectiva de cada bando, conlleva el sabor de la traición y el hálito de la perversidad. No meditan sobre la certidumbre de los hechos sino se desfogan contra las intenciones supuestas, negativas per se, de los contrarios.

Todo ello obliga a la búsqueda de las explicaciones que no son capaces de dar los actores políticos rimbombantes. Sobre todo porque es evidente que se siguen ciertas líneas ocultas para el común de los mortales. Como si de pactos soterrados se tratara destinados a mantener los equilibrios y atemperar los polvorines de la irritabilidad cívica que, de vez en vez, amenazan con estallar.

Desde luego, no toda especulación tiene fundamento. Hay también prejuicios que restan credibilidad y aprisionan el alma en una celda de juicios de valor destinados a encontrar remansos de justificación para nuestras propias penurias. Para decirlo sin eufemismos, tendemos a defender, en nuestro fuero interno, los escenarios que nos confortan aun cuando tal sea porque desconocemos orígenes, raíces e intenciones de quienes suponemos los representan. Este es el sustento de los incondicionales que tanto se arraigan en los partidismos insoslayables. Luego se aplica la disciplina para someter los criterios “peligrosos” de los tantos disconformes hasta que comenzamos a proceder robotizados, bajo el dominio de los mandos a distancia que ni siquiera conocemos.

También por ello decidí indagar sobre las cofradías y sociedades secretas. Y volví a asomarme a los cementerios en busca de los próceres caídos y sus legados inobjetables. Juárez y Porfirio Díaz, por ejemplo, ambos masones si bien reñidos con sus propios sustentos históricos. Si Don Benito se hubiera tardado en morir, el revolucionario habría sido Díaz y no el satanizado dictador que dejó una brutal herencia de sangre y dolor. Por algo, insisto, las sepulturas cuentan la verdad.

El Reto

Alguna vez, el joven hijo de un apreciable director de cotidianos en el sureste del país, me preguntó a quemarropa:

–¿Por qué escribe como lo hace, corriendo tantos riesgos?

La avidez con la que buscaba una respuesta me develó su propia ilusión por seguir el derrotero del periodismo… pero antes quería explicársela. El desafío era, desde luego, para mí:

–Desde luego, por vocación –repliqué-. Estoy seguro de que si las sociedades estuvieran mejor informadas habría menos espacio para la manipulación colectiva y la consiguiente crecida de las mafias. Y no es que pretenda ser una especie de misionero de la letra impresa, por favor. Sencillamente cumplo con mi papel de informador asumiendo la objetividad como la garantía que ofrezco a los lectores sobre cada línea expresada.

Hace poco más de un mes, sobre el ruedo de Las Ventas, en Madrid, la figura desmadejada del mejor de los toreros, José Tomás, cosido a cornadas luego de haber triunfado apoteósicamente, me permitió resolver mi propio enigma. Y así se lo dije a un escéptico que descalificaba al artista por haberse supuestamente dejado cornear:

–Pueden llamarle loco, pero nadie dudará de que ha cumplido con su deber. Además, la pretendida locura de quienes destacan es siempre el justificante con el que los mediocres minimizan, desdeñan y hasta anulan las esencias ajenas.

A mis amables lectores, como siempre, dejo en prenda “Las Tumbas y Yo”.

La Anécdota

En París, en el cementerio de Montparnasse, acaso descansan algunos de los mayores misterios de nuestra historia. Allí, el mausoleo de Porfirio Díaz, que remata con el águila imperial devorando a una serpiente, es también numen de la polarización de la sociedad mexicana, a casi una centuria de distancia del finiquito de la dictadura. Cuando visité la pequeña capilla, a principios de 2007, descubrí bajo el quicio de la pequeña puerta de cristal, dos tarjetas. La primera decía:

–“Don Porfirio, en México se le quiere, se le admira y se le respeta”.

La segunda, en cambio, machacaba lo contrario:

–“Lejos están mejor los tiranos…”

¿Y alguien todavía duda de la polarización de los mexicanos y de los atavismos que los mueven? Sin duda, querámoslo o no, las tumbas conllevan muchas respuestas.

Web: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Friday 25 de July, 2008 a las 5:00 pm por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Nacional, Política.
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Conversación [1]

  1. Tumbas sin Paz - Blodico:
    July 25, 2008 a las 7:08 pm

    […] Tumbas sin Paz […]

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