Serios Pendientes

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  • Saldos: Demagogia
  • Entre Taco y Taco

Dos años se nos han ido de las manos. En 2006 consumíamos las jornadas de reflexión cuando era evidente que la polarización política dividía al país en dos bandos con militancias casi iguales en un asfixiante ámbito de crispación. Todos, de una manera u otra, recelábamos de quienes nos revelaban intenciones de voto diferentes y con ellas hacíamos estereotipos hasta de los personajes más cercanos a nuestro ánimo. Bueno, hasta los pleitos de alcobas, en muchos casos, se hicieron irreconciliables.

Trascurridos veinticuatro meses no podemos alegar que estamos mejor aun cuando los plantones callejeros ya no nos asfixien como en las primeras semanas después del escandaloso finiquito de la contienda. Unos creyeron entonces que el vencedor lo había hecho con justeza y otros le llamaron usurpador a la vista de los desaseos evidentes en el árbitro electoral y por la torpe negativa a abrir los paquetes electorales y resolver, acta sobre acta, la controversia planteada por la sospechosa parcialidad de los funcionarios del Instituto Federal Electoral a los que luego se sumaron los magistrados del Tribunal Federal del ramo cuyas conclusiones confirmaron la tendencia en pro de la continuidad: la intervención oficiosa del presidente en funciones y de parte del sector empresarial fueron reconocidas pero sin asumir que hubiesen sido “determinantes” en el resultado… esto es como si la ventaja entre el ganador y quien le siguió en votos fuera tan amplia como para diluir en la nada los excesos confirmados. Y hablamos sólo de medio punto porcentual.

Basta el señalamiento anterior para registrar, contra las tantas interpretaciones superficiales y obviamente tendenciosas, las desviaciones tremendas en el análisis de la controvertida elección presidencial. Eso sin desestimar la torpeza con la que se habló de un “fraude generalizado” cuando bastaron cuatro o cinco laboratorios regionales para la alquimia de alrededor de un millón de votos suficientes para trocar el resultado final y modificar el curso de la historia. De haberse encaminado la protesta con acierto, más que prudencia una postura seria basada en evidencias reales y no en especulaciones desbordadas, el desenlace probablemente habría sido otro a pesar de la parafernalia oficial. Quienes perdieron los estribos acabaron por hacer el juego a sus adversarios.

Tal percepción debió obligar a los actores políticos, sobre todo a los más involucrados en la amarga y densa controversia, a revisar condiciones y circunstancias para evitar caer de nuevo en escenarios similares. Pese a ello, desde julio de 2006 los candados han permanecido igual, perfectamente cerrados, sin que nadie parezca preocuparse por encontrar las llaves de la estabilidad. Esto es como si los grupos dominantes consideraran, acaso consideran, que partir en dos al país favorece la tutela desde el exterior porque extiende la vulnerabilidad de nuestro gobierno y permite negociar soterradamente con las oposiciones. Basta asomarnos al balcón de la realidad, amables lectores, para que corroboremos, ustedes y yo, si tal condición se está dando.

Lo más deleznable de todo ello es la evidente parálisis en los cuadros gobernantes, lo mismo en el Ejecutivo que en el Legislativo, animados por el ruido que genera la marea de la violencia como si éste fuera el combustible para mantener el ritmo del motor de la República. Pero no salimos del punto muerto. Y es esto lo que caracteriza al presente a pesar de los periplos del mandatario en funciones por el exterior y del encierro voluntario del principal de los opositores que ha optado por mantenerse en campaña en lugar de asegurar su posición efectiva de contrapeso sin necesidad de vociferar alternativas destinadas únicamente a darle traspiés al régimen en curso. Esto es con capacidad de maniobra suficiente para vencer en los debates sin golpeteos malsanos de una parte y otra.

Ni un metro ha avanzado la democracia y sí, en cambio, se ha recrudecido la demagogia en ambas partes e incluso también entre los pretendidos “estabilizadores” que chantajean a tutiplén para asegurarse posiciones venales. Los priístas, claro, no componen ni crecen, simplemente negocian y minan las estructuras con componendas de distintos perfiles. La política se ha convertido en el arte de las simulaciones o, si se quiere, en el recurso de los extorsionadores permanentes de la vida institucional. Más que delincuentes de “cuello blanco” lo son de botas salpicadas con el rocío del populismo redivivo, desde cada extremo, mientras al país se consume por la negligencia oficial y la impericia de la disidencia acomodaticia.

Nos faltan al respeto, a cada rato, suponiendo que el hastío colectivo es fuente de ignorancias e ingenuidades entre una población que olvida pronto y asimila las mayores afrentas de la clase política. Desde julio de 2000, sin embargo, las acciones públicas han estado marcadas por la protesta colectiva: primero, los plantones poselectorales; después la toma de posesión presidencial a trompicones; más adelante, el empantanamiento legislativo ante el informe del mandatario cuestionado; y, más recientemente, la reacción general a la pretendida reforma energética elaborada sin consensos de por medio y con la discrecional suficiencia de quienes se olvidan que su manoseado aval comicial sólo devino de uno entre cada cinco mexicanos con derecho a voto. Y esto si concluimos, contra tantas evidencias, que el sufragio fue limpio.

Dos años ya y no tenemos manera de salir de los pantanos.

Debate

Insisto: tras la ruidosa asunción de Fox en el 2000, incluso con el beneplácito de la izquierda que celebró el esperado fin de la hegemonía priísta sin considerandos sobre una continuidad simulada –tales se dieron mucho después-, se exaltó el imperativo de consolidar la democracia para, sólo a partir de este punto, detonar la esperada transformación –drástica y no gradual como luego se expresó-, de la estructura gubernamental. Pero, curiosamente y a diferencia de lo acontecido en los regímenes predecesores, priístas claro, ni siquiera se dio el menor esbozo de reforma electoral o política para alcanzar el objetivo primigenio. Se nos mintió descaradamente y ante este hecho no puede esgrimirse defensa alguna.

Precisamente, las permanentes transformaciones legislativas, aun cuando fuesen por instinto de conservación para preservar al grupo dominante concediéndole espacios a quienes buscaban sólo el poder político, posibilitaron el arribo de la alternancia aun cuando para ello debiera pagarse una severa cuota de sangre en 1994. La barbarie del finiquito salinista evitó, sí, un descalabro institucional a destiempo, esto es cuando la clase política y sobre todo la financiera no habían previsto la alternancia y requerían ganar un sexenio para reacomodarse. Lo hicieron, claro, a costa del sacrificio de Colosio y la consiguiente utilización del doctor Zedillo, el gran simulador, cuya formación priísta no soportaba entonces y no soporta hoy la mínima disección.

La clave, por desgracia, la dio la violencia. ¿Por qué entonces nos sorprende tanto la crecida de la misma y de quienes la promueven para ampliar la injerencia de los poderosos del norte? Es la interrogante sin respuesta que, además, se plantea como perversa por cuantos defienden la inercia y la negligencia oficiales aduciendo que son signos de estabilidad tras los sacudimientos y alteraciones de 2006, como si ya no pudieran darse. La realidad exhibe otra cosa: a la menor provocación, como sucedió en las vísperas del primero de septiembre pasado o con el anuncio de la discrecional reforma energética, volvemos al mismo entorno.

Sucede, nada más, que los análisis son del color de las filiaciones de cada quien. Y es esto, por supuesto, lo que complica la observancia del fondo. Porque, claro, las evidencias son muy claras: seguimos entrampados por el sectarismo y no se avizoran siquiera maniobras de rescate. Como si no sucediera nada… salvo las incontables disputas gremiales en los plenos y en las calles. Y los mexicanos seguimos en condición de rehenes.

El Reto

El dilema esencial es rescatar la extraviada voluntad de las mayorías y hacerla efectiva ampliando consensos. Si ésta es la premisa será menos complejo trazar los sumarios. El problema deviene de optar por perder el tiempo en vez de intentar los acuerdos básicos. Además, la crispación galopa sobre las jacas de la ineficacia, tanto gubernamental como opositora.

¿Para cuándo los sustentos y los acuerdos acerca del imperativo de legislar para asegurar los avales de quienes conforman mayoría y son desplazados por las cerradas minorías que se extienden por rutina con el amparo de la parafernalia oficial? No salimos de la crisis porque no se proveen alternativas destinadas a superar los escollos de la demagogia. No basta con reemplazar a los consejeros del IFE cuando perviven las fórmulas tendenciosas para el reparto de posiciones entre los vencedores y vencidos con apoyos populares similares en convocatorias y posturas extremas.

Más que las segundas vueltas electorales se requiere, por supuesto, de una nueva doctrina política para intentar asimilar las opiniones de los contrarios sacando de ellas cuanto sea rentable para todos. Para infortunio general, no observamos en la perspectiva actual a visionarios capaces de asegurarnos un mejor destino.

La Anécdota

Lo repetía López Obrador a cuantos atestiguaban su resistencia personal en el gran plantón del zócalo tras la marabunta electoral de julio de hace dos años:

–Como dijo el preso aquel: vayan ustedes a “echarse” un taco… que yo seguiré aquí.

El escudo popular como rejas de celda. Y con el Palacio Nacional como cortina detrás de la escenografía de la protesta. Salvo el teatro, esto es el centro neurálgico del país, el contexto y la trama no han variado aun cuando Andrés Manuel no es remitente de un mismo sitio sino un sedentario encerrado en el territorio nacional mientras en el exterior se le sigue dando el perfil de un enajenado irresponsable, incapaz de asimilar su derrota.

Valga la reflexión para apuntalar nuestra teoría sobre las negligencias triunfadoras en el México de hoy.

Web: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Monday 30 de June, 2008 a las 7:00 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Nacional, Política.
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