Carteras Inútiles

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  • Torpes Reacomodos
  • Ministra de Parto

Suele ocurrir, y cada vez es más frecuente, que cuando los mandatarios comienzan a sentirse indispensables y, por ende, irremplazables, tienden a rodearse de figuras que no les hagan sombra salvo en el festín cotidiano de las anécdotas. Por supuesto, los liderazgos naturales les incomodan una barbaridad porque, sobre todo cuando se originan, son incontrolables en términos de disciplina. Por ello, naturalmente, el priísmo presidencialista tropezó con esta piedra y la pulverizó concentrando las candilejas en la figura del mandatario sexenal en turno.

Allá por la década de los setenta, en pleno frenesí de Echeverría, el entonces secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, de inteligencia y talento excepcionales, era señalado como uno de los más viables sucesores de aquel sobre todo por el imperativo de recuperar ciertos valores de la política reemplazados por el populismo desbordado, también irresponsable, de la época. En esta circunstancia, Moya discursaba con espléndida oratoria hasta que uno de sus más avezados simpatizantes le recomendó:

–Mucho cuidado, licenciado, con los discursos demasiado brillantes. Sobre todo aquellos que opacan hacia arriba…

El aludido respingó, inquieto, y preguntó a su vez:

–¿Me recomienda entonces tartamudez?

–Naturalmente, licenciado, naturalmente…

Desde luego, Moya se quedó en el camino y fue enviado a dirigir la OEM, sucedánea de la emblemática cadena García Valseca, puesta en manos de los Vázquez Raña, socios dilectos de Echeverría. Como en casa pero sin banda tricolor sobre el pecho.

Fue en ese tiempo, también, cuando Don Manuel Sánchez Vite, en funciones de gobernador de Hidalgo, fue acorralado por el mismo Echeverría:

–Dicen que usted, Don Manuel, opera como si su estado fuera un cacicazgo…

El aludido, quien padecía severas lagunas mentales en su larga veteranía, alcanzó a replicar con indiscutible valor dada la fuerza de la intocable institución presidencial:

–Nada más falso. El único cacique que hay en México esta aquí, en Los Pinos.

Fue ésta su sentencia definitiva. En un caso y otro, por supuesto, los relatos, veraces además, dibujan no sólo un estilo de gobernar sino la operatividad de un mecanismo cuyo motor era la voluntad central. Al irse ésta acotando no sólo la Presidencia se hizo cada vez más vulnerable sino también se erosionó al sistema sin que, además, sirvieran de algo las “manitas de gato” ante el deterioro profundo y galopante de la estructura. Cada fin de sexenio significó, desde aquellos tiempos y un poco más atrás, una pérdida sustantiva para la clase gobernante que no ha podido recuperarse.

Esa debilidad estructural se manifiesta con la propensión de cada mandatario a iniciar su trayecto mediando reformas administrativas que, sólo en apariencia, modifiquen la fallada de la pirámide del poder. La distribución de funciones y responsabilidades a través de organigramas que supuestamente ponen el sello del gobernante al equipo con el cual se impulsa, rara vez ha cumplido su cometido y, en cambio, han complicado severamente las interrelaciones entre distintos ministerios que se disputan facultades y prerrogativas como si de un duelo de honor se tratara. Por supuesto ello coloca al presidente en ejercicio en la espléndida posición de permanente “fiel de la balanza” –como definió López Portillo-, hasta que llega la hora de su reemplazo.

Célebres fueron, por ejemplo, las riñas entre funcionarios con similares atribuciones, por ejemplo los de los titulares de Hacienda por un lado y los de Patrimonio por el otro, al punto que algunos debían segregarse del equipo en cuanto las líneas presidenciales les resultaban negativas. En algunos casos, incluso, rodaron las cabezas de unos y otros ante el beneplácito de quienes hacían cábalas a favor de algún tercero en discordia o del “ministro” de otra área cuya complacencia era ostensible. La continuidad, por supuesto, estaba asegurada de una manera u otra. Como ahora.

Por ejemplo, la secretaría de Desarrollo Social, cuyo titular es Ernesto Cordero Arroyo tras sustituir a la yucateca imberbe Beatriz Zavala Peniche –cuyo merecimiento mayor fue haber insultado a López Obrador, cara a cara y con el testigo de los reporteros de los diarios de derecha afines, durante la visita de éste a Mérida-, nació del imperativo de brindarle escenarios y foros a quienes sonaban como presidenciables y cobró relevancia, claro, cuando Luis Donaldo Colosio fue colocado allí, tras separarse de la presidencia del PRI sin importar la primera derrota estatal de este partido –Baja California- a él atribuida, para que hiciera antesala en pos de su nominación como candidato oficial a la Primera Magistratura. Y luego, claro, fue necesario “enfriar” la silla.

Se alega también que cada personaje “hace al cargo” y no al revés. Pero no es así. La prueba más cercana la tenemos con Juan Camilo Mouriño, el “delfín” de los tres orígenes, quien en la oficina de la Presidencia carecía del aparador que ahora tiene en Gobernación aun cuando en la primera posición fuera más útil por discreto a la causa de Felipe Calderón. En este caso, la cartera ministerial confirmó la investidura y proyección del funcionario.

Debate

Si hacemos un balance de los nuevos ministerios nos daremos cuenta de la simplicidad con la que se crean y manejan. Por ejemplo, la pomposa Secretaría de a Función Pública, instalada para albergar a auditores e investigadores dispuestos a perseguir las conductas ilegales de los “servidores” gubernamentales, se convirtió pronto en una especie de coto para cazadores de los “roba-lápices”, un símil de los infelices indocumentados que cruzan el Bravo, a falta de voluntad política para perseguir a los “peces gordos”. Ni uno solo de éstos ha picado desde el surgimiento de la dependencia.

Curioso: los Fox, ella y él naturalmente –¡de la que nos libramos al exhibir la ambición de la poderosa consorte!-, apenas llegaron a Los Pinos –aun cuando no se había consumado el matrimonio de los singulares tórtolos-, revelaron que sus antecesores, los Zedillo, se habían llevado hasta las sábanas. Por ello intentaron justificar el dispendioso gasto en el menaje de la residencia oficial, acreditado al poco tacto de Ana Cristina, la hija mayor encargada del “despacho” de la primera dama hasta el enlace del mandatario con las “muchas faldas”, aduciendo que los antiguos inquilinos no habían tenido pudor siquiera para dejar vestida la alba casona.

Ninguna averiguación se abrió al respecto aun cuando la ley subraya que es deber primigenio de todo funcionario, más cuando se trata del presidente de la República, denunciar cualquier hecho ilícito del que tengan conocimiento. Y Fox, por supuesto, prefirió ampliar complicidades para ganar así su propia impunidad. Tales fueron los derroteros del cambio prometido mientras se acreditaba el continuismo modificando los colores partidistas.

La tal secretaría, ahora con Salvador Vega Casillas como titular tras el pronto retiro de Germán Martinez Cázares, quien fue colocado al frente del PAN a la usanza del viejo PRI, esto es con las bendiciones de la casa presidencial, cuyas tareas no dejaron de ser pequeños amagos sin la menor consistencia. Por cierto, dejó pendiente un asunto: la querella presentada contra él por el inefable, también cínico, Manuel Bartlett, tras haber sido éste señalado como partícipe del crimen contra el diarista Manuel Buendía en 1985. Pese a innumerables evidencias al respecto –la primera, sin duda, la declaración ministerial del inculpado y sentenciado José Antonio Zorrilla-, Martínez Cázares no se atrevió siquiera a responder. ¿Cómo esperar entonces que contara con la autoridad moral para proceder contra las mafias que aprisionan la estructura gubernamental? Ojalá alguno de ustedes, amables lectores, tenga alguna tesis sobre ello.

De igual manera, ¿para qué sirve la secretaría de la Reforma Agraria, con Abelardo Escobar Prieto a la cabeza, si desde hace varios sexenios se decretó el final del reparto de tierras, numen de la dependencia? Simplemente, sólo para extender la demagogia.

El Reto

En el primer mundo también se cuecen habas. Hace unos días, los españoles despertaron con una encendida polémica porque la responsable de una nueva dependencia, el Ministerio de Igualdad, creado para asegurar los equilibrios de género –partiendo de la paridad en la designación de cargos públicos-, habló de “las miembras” y no de los miembros aduciendo que combatía así los términos gramaticales “sexistas”. Se refería, claro, a los integrantes de la Legislatura y no a órgano alguno del cuerpo humano. Valga la aclaración para las mentes enfebrecidas.

Imagínense las dimensiones del asunto. La dama en cuestión, muy joven además –cuenta con 32 años de acuerdo a su currículo-, fue incordiada por haber creado una oficina, con teléfonos disponibles para el público, destinada a captar las denuncias de los hombres que alegan ser agredidos por sus mujeres, sobre todo porque éstas les provocan reacciones incontrolables y luego los acusan por ser violentos. Las organizaciones de defensa de las mujeres se encendieron porque consideran que la parte débil es y será siempre la femenina aun cuando, en no pocas ocasiones, la realidad desmiente la sentencia. La “igualdad”, en el léxico moderno, sólo parece implicar privilegios para las damas en un entorno machista con severas deformaciones.

Esto es: antes de entender el problema de las interrelaciones actuales, se creó un ministerio sobre los pies. Y el jefe del gobierno español, socialista, se apuntó al debate bizantino para distraer a la opinión pública de los escenarios críticos. Una jugada maestra.

La Anécdota

En la misma tesitura, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español, designó a una jovial catalana, Carme Chacón, embarazada de siete meses, para desempeñar ¡el ministerio de la Defensa! La dama, para mostrar que era útil, inició su recorrido visitando a las tropas españolas en Afganistán y Somalia… llevando consigo a una larga comitiva de ginecólogos, sicólogos y enfermeras. Por si acaso.

Hoy ya tiene bebé. Se llama Mikel –un nombre, por cierto, entrañable para este columnista aunque no tenga origen vasco-. Y no dejan de surgir las bromas: los soldados en el frente del Medio Oriente le regalaron a su jefa ropita adecuada para su niño. Como si se tratara de un “babyshawer”.

     Por allí se dijo:

     --Si el ejército está de parto... ¿cuándo se ocupará de cuidar la soberanía nacional?

     Por de pronto, la ministra sigue de licencia por maternidad. Cosas del siglo XXI.

Web: www.rafaelloretdemola.com

Foto: El Porvenir

Esta anotación fue escrita el Thursday 26 de June, 2008 a las 5:30 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Desafío, Nacional, Política.

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