- Cómplice Intocable
- Secretos de Galileo
A lo largo del año, tres efemérides cubren los escenarios particulares de la que es hoy la mujer más poderosa de México. Ya no tiene rival en Los Pinos desde que las muchas faldas de la señora Marta salieron de allí para concentrarse en la animación festiva –narices de payaso incluidas- del retiro obligado. Las fechas son: el 6 de febrero –un día después de la exaltación a la Carta Magna, tan desvencijada-, el cumpleaños de la señora en cuestión, las Navidades y el 15 de mayo, cuando el magisterio conmemora. El celebrado día del maestro es hoy, naturalmente, el de la maestra, el de ella, la inamovible máscara viviente y símbolo material de la permanencia del corporativismo mexicano que asegura, estructuralmente, el paso de la continuidad política. Si éste persevera sencillamente no puede hablarse de una alternancia consumada aunque sea otro el partido en posesión de la Presidencia.
La “novia de Chucky” suele ser recipiendaria por esta fecha de una cauda de regalos que apila en su departamento de Polanco, en la ciudad de México, muy cerca de la zona hotelera que ha hecho del sitio uno de los más cotizados de la inmensa urbe. Por cierto, con frecuencia desayuna en alguno de los restaurantes del Presidente –ávida como siempre de estar cerca de éste aun cuando se trate de un referente-, y recibe un trato preferencial como en cada uno de los escenarios por donde transita.
No han faltado lectores, en esta larga readaptación del juego perverso de los valores entendidos, que demandan del columnista un trato más caballeroso hacia una dama. Les disgusta, y lo entiendo, que la identifique con el “muñeco diabólico” porque consideran alevoso señalar a una mujer por su falta de atributos físicos. Pero no es así. El mote no tiene que ver con eso sino con el comportamiento revelador de las truculencias de la brujería política capaz de doblegar a los más avezados con el fuego de una mirada y el quebranto de una voz que sin duda se gesta en el averno. Además, ¿no reclaman siempre las mujeres de la política un trato igualitario? Comencemos, entonces, por el gran contrapeso de la crítica ante la fuerza que doblega a los presidentes, de distintas procedencias, hasta convertirlos en falderos, nada más, aunque vivan en Los Pinos.
El día de Elba Esther Gordillo Morales, nacida en Comitán, Chiapas, en 1945 –el año terrible que fue marcado por el estallido de las atómicas sobre Hiroshima y Nagasaky-, comienza muy temprano por obra de los telefonemas matutinos. Y es que los cercanos compiten por ser primeros en la reverencia obligada. Hay mucha competencia y no pocos celos que se explican por la propensión de la señora a manejar a su jauría masculina, bien recompensada económicamente y mejor distribuida por distintos escenarios, incluyendo los mediáticos en donde la presencia de la fémina no es indispensable porque mantiene a sus testaferros en defensa de sus intereses ahorrándose así el engorro del maquillaje inevitable –basta con el de cada mañana, digo-. Manda como nadie y como a nadie le obedecen. Le temen porque de sus habilidades depende la conservación del estatus y la ampliación de la solvencia financiera.
Ella, la que fue capaz de fundar un partido, Nueva Alianza, sin renunciar al PRI y alternar funciones como coordinadora de su bancada y secretaria general de su organismo original con los de cabildera de la derecha en alza, se ha ganado un sitio muy especial al lado de quien ejerce funciones de primer mandatario. El segundo en este cargo con procedencia panista. Ya antes, no lo olvidemos, estuvo cerca igualmente de la pareja presidencial incluso cuando más arreció la tormenta contra la “oposición” –ella se mantenía en el PRI, desmadejándolo-, y formó equipo con la inefable Martita de la telenovela rosa. Esto es refrendando que nada había cambiado a pesar de las tantas proclamas demagógicas.
¿Y qué dicen los maestros? La mayor parte calla porque estiman que no pueden vencer al cacicazgo. Otros se acomodan a las reglas y pujan, cada mes, por las prerrogativas que “generosamente” se subastan, desde créditos hasta casas de interés social, de acuerdo a los niveles de fidelidad mostrados y a la disposición de compartir con el bloque duro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el feudo, las ventajas obtenidas. Como si se tratara de una moderna tienda de raya en la que las mercancías caducan de acuerdo al capricho de la dirigencia. Y por eso le temen.
Ella, la maestra, incapaz de confirmar en donde obtuvo su acreditación como tal –sólo se sabe que cursó historia en la Normal Superior-, desplazó, desde 1989, a otro de los caciques históricos, el potosino Carlos Jonguitud Barrios, quien se creyó también inamovible, en combinación con uno de los grandes operadores del salinato trágico, Manuel Camacho Solís, colocado hoy entre los más influyentes consejeros del bando izquierdista, perredista, que ahora la cuestiona pero con la timidez propia de los simuladores.
Debate
Tres son los grandes pilares operacionales de la maestra. El primero, el de los dineros y las prebendas, es Fernando Yáñez Herrera. Sus hazañas son múltiples. Así lo expusimos en “Confesiones y Penitencias”, -Océano, 2007-:
“En sus manos la maestra coloca, cada mes, miles de créditos destinados al magisterio. Y él subasta veinte mil de estas líneas de financiamiento y se queda, claro, con el diez por ciento, unos dos mil créditos cada treinta días cuyos pagos difiere, mediando las habilidades de la maestra.”
Además, nadie duda que Yáñez es “el estuche en el que guarda la maestra no sólo sus debilidades económicas”. Uno de quien fuera amigo cercano de la señora –lo cito con discreción aunque su nombre puede ser revelado si fuese necesario-, me develó:
“Yáñez tiene funciones tripartitas: vela por las viviendas de interés social que el sindicato distribuye entre los más leales; distribuye los préstamos a sus anchas y es quien estima cómo y cuándo deben ser cobrados éstos; y, por último, tiene derecho de picaporte a la recámara”.
Por supuesto los dividendos, para la maestra, son triples también.
Pasemos lista al segundo del apretado nivel superior desde la perspectiva de la maestra provocadora. Benjamín González Roaro, llegó a la dirección del ISSSTE de la mano de Elba Esther quien, de acuerdo a las evidencias, ha extendido sus baluartes a la seguridad social. El sucesor de González Roaro, Miguel Ángel Yunes Linares, quien se enriqueció durante la gestión de Patricio Chirinos en Veracruz –a éste le inhabilitó por la vía del alcohol y las componendas soterradas, envileciéndole-, presume de la confianza de la dama y exhibe su capacidad para maniobrar a sus anchas, lo mismo desde su anterior cargo, como subsecretario de Seguridad Nacional nada menos, que en el actual. Círculos cerrados para exaltar las grandes complicidades políticas.
González Roaro amplió horizontes. Vaya si lo hizo. Una muestra: el primero de sus “ensayos” –firmados por él pero investigados por un amplio grupo de burócratas-, tuvo por título “La vivienda en Chiapas”, la cuna de su maestra; y el segundo, de plano en plena carrera por trascender, desbordó hasta las fronteras, “La seguridad social en el mundo”. Hasta donde las ambiciones lo permitan, naturalmente.
González Roaro pasó a la condición de legislador panista en trueque con Yunes quien dejó su curul, y a su partido, el PRI, en el momento en que ella, la inescrutable, lo resolvió para colocarlo al servicio de la derecha en el ejercicio del poder.
La historia de las complicidades y los contubernios –lo señalé en “Confesiones y Penitencias”- es, en esencia, la historia de México.
El Reto
El tercero de la relación de los afectos cercanos a la maestra que festeja hoy es Jorge Kahwaghi Gastine, dueño de la empresa Cosmocolor –la del conflicto que puso en la picota al ex regente Óscar Espinosa-, y quien en funciones de vicepresidente de la Cámara Nacional de Comercio tuvo un desempeño protagonista en la penosa trama de la “campaña negra” que situó a Felipe Calderón a la vanguardia después de haber partido muy rezagado en las preferencias generales al inicio de la campaña presidencial. Además, Kahwaghi es padre del histriónico sujeto que pasó por la Cámara baja, como “verde”, en plena batahola de desvergüenzas.
Las componendas multipartidistas tienen como eje a la “maestra”. El columnista insiste en la pregunta que formuló, a través de este espacio, al señor Calderón apenas fue ungido como “primer mandatario”: ¿Está usted orgulloso de que un personaje como la señora Gordillo sea quien le haya levantado la mano, primero, y se mantenga como una de sus grandes operadoras, la más poderosa del presente mexicano atrapado por la continuidad?
Ya va siendo hora de ensayar una respuesta.
La Anécdota
Una de las sedes visibles de los grandes contubernios es el edificio marcado con el número 7 de la calle de Galileo, en Polanco, con vista hacia el Hotel Presidente de la ciudad de México. Allí, en el penthouse mantiene uno de sus feudos urbanos, la señora Gordillo. Valdría la pena colocar una placa en su fachada, como suele hacerse en Madrid al otro lado del océano, para rendirle pleitesía a ella y algunos de sus vecinos. Y no me refiero, por supuesto, al malévolo “Chucky” de las cintas cinematográficas.
Debajo del amplio departamento de la “maestra”, el ex canciller Jorge Castañeda Gutman construyó uno de sus nidos de amor cuando ejercía como responsable de la política exterior mexicana y se le perdía al presidente Fox durante sus periplos por el mundo. Y también es condómino el ex gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, quien solía residir aquí cuando dejaba sus heredades morelianas. Todos los partidos unidos por la calidez de los mismos muros. Es esto lo que suele identificarse como pluralismo acrisolado.
¿Quién osa sostener que el proceso de madurez de los mexicanos no está en buena ruta? Falacias, siempre las mismas, por cuenta de los perversos que no reconocen el perfil patriótico de los grandes negociadores al servicio del establishment.



















