América Latina se ha fortalecido económicamente, no sólo por la creciente demanda de productos agrícolas, hidrocarburos y otras materias primas que han permitido a los países del subcontinente alcanzar altos índices de crecimiento desde el 2004, también su capacidad de negociación ha mejorado en el escenario internacional.
Sin embargo, los líderes políticos no aprovechan el potencial de cooperación económica, “los procesos de integración económica en la región tienden al estancamiento”, según un estudio publicado por el Instituto Alemán de Estudios Globales (GIGA), con sede en Hamburgo.
Pese a la favorable coyuntura económica, políticamente el subcontinente se encuentra dividido e incluso enemistado por la lucha por el liderazgo regional y distintos conflictos bilaterales que no permiten al bloque aparecer con una estrategia común. “La política exterior de buena parte de los países latinoamericanos se ha ideologizado fuertemente y el aumento del potencial de conflicto entre países vecinos es evidente”, afirman los autores del estudio, Detlev Nolte y Christina Stolte.
Por otra parte han surgido nuevas estructuras de cooperación política, como la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), cuya efectividad y futuro es incierto.
Dado este panorama, sostiene el estudio, para la Unión Europea resulta difícil mantener distintos grados de integración con el bloque.
Avanzar, por un lado en la asociación estratégica que ha pactado con algunos países claves del subcontiente como Brasil, mantener negociaciones pese a la situación de estancamiento en la que se encuentran algunos bloques de integración, como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y Mercosur y por otra parte iniciar negociaciones con las nuevas estructuras de cooperación en América Latina.
Como si la fortaleza económica los hubiera envalentonado algunos países han desempolvado viejos conflictos. “Se permiten el lujo de enfrentarse por el liderazgo regional, por modelos económicos, re-ideologizando su política exterior y reviviendo viejas disputas fronterizas”. Brasil y Venezuela compiten por el liderazgo regional, y Honduras, Nicaragua y el Salvador están enfrentados con Colombia, por sus respectivas fronteras marítima en un contencioso que deberá resolver la Corte Internacional de Justicia de la Haya. Chile y Perú también tienen ante la Haya una controversia por los límites de su mar territorial y Bolivia ha reclamado una salida al pacífico que perdió ante Chile en el siglo XIX.
Mientras que en la década de los 90, las fronteras entre los Estados de América Latina al igual que en Europa parecían perder relevancia como resultado de los procesos de integración, a principios del siglo XXI la seguridad limítrofe ha recuperado importancia en el continente.
El repunte económico y el incremento en el precio de los hidrocarburos han desplazado los centros de poder y las estructuras de alianzas regionales. El poseer hidrocarburos ha dado pie a alardes de poder político en vez de que sea utilizado como base de una mayor integración económica.
La Unión Europea tiene tratados de libre comercio con México (1997) y Chile (2002) así como una nueva alianza estratégica con Brasil (2007). Con estos tres países existe un alto grado de confiabilidad, además Brasil y México son países estratégicos cuya influencia impacta más allá de la región. “Ambos son clave en la solución de problemas globales”, afirman.
Vía: Deutsche Welle


















