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Modernos Piratas

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  • Castigos Severos
  • Llegó el Descanso

La historia parece regresar sobre sus pasos. Las naciones se dividen por rencillas irreconciliables y las enormes distancias entre los fuertes y los débiles gestan el horror del terrorismo y el abordaje incesante de los piratas. Los fundamentalismos proveen de los odios necesarios para justificar los excesos y la intolerancia de los gobiernos poderosos hace el resto. Siempre, en todo tiempo y lugar, las causas de los equilibrios abrevan en las mismas fuentes.

En las costas de Somalia, pero no sólo allí, los piratas modernos encuentran botines excepcionales y refugio para vadear a quienes los persiguen. Recientemente un barco de pescadores gallegos fue rehén de los insolentes corsarios que dicen no respetar enseña alguna si bien es evidente de donde provienen sus protectores y cuales son sus justificantes, en la misma línea de los anarquistas que consideran justo equilibrar condiciones a punta de golpes soterrados. El hecho es que el gobierno hispano, de corte socialista, optó por negociar asegurando la liberación de la tripulación inocente y con ello, claro, se abrió el debate acerca de las inconveniencias de caer en el juego de los delincuentes, esto es pagando rescates ominosos que tenderán a multiplicar los ataques y extender la inseguridad a otros mares. Como si regresáramos al tiempo de las murallas y del mítico Corsario Negro de Salgari.

El golpe de efecto está dado. Algo similar ocurrió tras el 11 de septiembre de 2001 cuando la seguridad aérea y la invulnerabilidad supuesta de la mayor potencia de todos los tiempos cayeron junto con las Torres Gemelas de Nueva York en plena eclosión de barbarie. Ahora los océanos, todos, parecen estar minados lo que, sin duda, obligará a tomar medidas extremas con la sociedad cautiva de cuantos consideran que la violencia, sobre todo contra los indefensos, es un mal necesario para obtener los botines de la historia, no sólo los económicos. Lo mismo piensan, insisto, los fundamentalistas incapaces de encontrar más vía que el horror ni otro argumento que no sea el reconocimiento a la filosofía propia y la abierta descalificación a cuanto provenga de los contrarios.

Por ello acaso habrá quienes se muestren comprensivos ante los asaltantes marinos que insisten en sus métodos para “equilibrar”, según sostienen, las fuerzas que son tremendamente desiguales en cuanto a pertrechos militares y capacidades operativas. Cada vez, a cada paso, se comprueba que los grupos anarquistas están copando espacios proveyendo de condiciones para que los dirigentes del llamado “primer mundo” justifiquen sus propios excesos injerentistas alegando que sólo así pueden proteger la seguridad mundial. Es la filosofía de quienes conciben la globalización como el supremo acto de dominio de la gran hegemonía contemporánea.

Estamos, pues, ante una perspectiva por demás peligrosa que demuestra el severo retroceso de la humanidad que ha sido incapaz de evitar caer en los pozos de la intolerancia. Nada detiene el permanente colapso que se exhibe en todos los planos. Por ejemplo, la Olimpíada en Beijing, que debiera ser fiesta de la paz universal, surge como un tremendo diferendo sobre la opresión bajo criterios discrecionales que se imponen bajo el prurito de la soberanía intocable, esto es como si ésta fuera una especie de escudo para impedir que la humanidad en general pudiera hacer suyo el dolor de quienes son esclavizados y perseguidos. La misma falacia de siempre.

Mientras, los piratas negocian. Cobraron un millón 200 mil dólares por la liberación de los pescadores del “Playa de Bakio” y los funcionarios españoles que intervinieron sostuvieron la validez de proceder, sin ambages, en defensa de la vida aun cuando aumenten los riesgos para el colectivo sometido a presiones constantes y al acecho del miedo que amplía coberturas a quienes saben inocularlo en las sociedades. Yo no sé si, en aras de un acto populista y superficial, valga la pena comprometer la seguridad de todos, no sólo la de los españoles, en un mundo globalizado en el cual el terror no es exclusividad de algún territorio convulso. Pero así ha sido y sólo nos toca registrar el hecho.

Igual que hace siglos: los piratas del mar imponen su ley. Los viejos corsarios, sobre todo quienes navegaban con el aval del imperio británico, actuaban soterradamente para debilitar a los enemigos de los monarcas anglosajones. ¿Y hoy?¿Acaso los ataques no suelen concentrase, desde Sudamérica y Asia, en la Europa de la moneda poderosa que desplaza al dólar para satisfacción de los especuladores? La piratería, desde luego, no se da sólo sobre los océanos.

Mirador

La cuestión es la misma: ¿los gobiernos deben privilegiar las vidas de las víctimas de los secuestros y los atentados aun a costa de debilitar y vulnerar la convivencia general y colocar al conglomerado en un escenario de mayor indefensión ante los anárquicos de todos los tiempos? De ser así cabría preguntarse igualmente por qué el gobierno español presenta una doble cara, una para tratar a los etarras asesinos y otra frente al nuevo flagelo de los piratas. Si bien intentó negociar con los primeros, fallidamente porque los terroristas no son capaces de cumplir palabra alguna con el soez razonamiento de que siempre deben entenderse los “costos colaterales”, esto es la sangre derramada de los inocentes, acabó rebasado por una opinión pública que le exigió rectificar tras los últimos asesinatos de guardias civiles. Pero pronto volvió a las mismas andadas.

El blasón de la publicidad política, basada en golpes efectistas que de modo alguno diluyen la conflictiva de fondo, en este caso la perspectiva de un conglomerado secuestrado por el terror, no debe imperar sobre el imperativo de devolver a la humanidad el rastro perdido de la paz. De modo alguno podremos considerarnos civilizados cuando los flagelos de otros tiempos –la piratería lo fue durante centurias-, no sólo perviven sino vuelven a cobrar excepcional vitalidad y presencia entre nosotros.

No hace mucho escuché un debate acerca de la razón, para muchos la sinrazón, del terrorismo bajo el fundamento de que aplicaba la antigua fórmula de las guerrillas históricas –en México, Villa; en Cuba, Fidel y el Ché, entre otras-: golpear a mansalva y ocultarse. También se aplicó durante los amargos años de la resistencia en Francia. Sólo que, aun cuando parece inevitable extender el dolor hacia quienes nada deben, los inocentes no eran el blanco vulnerable de los ataques. Y tal se ha convertido, sin duda, en el numen de la perversidad contra la demanda global de paz… pero no la de los sepulcros.

El imperativo de preservar a los más, aun cuando parezca cruel elevar los riesgos de los menos, obliga a un nuevo debate sobre la moral de los gobernantes y la de las sociedades, tantas veces fariseas por convenencieras, aprisionadas por los grupúsculos anarquistas capaces únicamente de ampliar la inestabilidad mundial para favorecer… a los especuladores. Lo mismo si está en prenda el petróleo que cuando se atenta contra una región, ahora la Unión Europea, capaz de competir, en estándares de bienestar, con la mayor de las potencias universales que, además, no admite ni soporta –recuérdense los años de la guerra fría-, contrapeso alguno.

Quizá el meollo está en lo apuntado y no en la propaganda superficial sobre la reaparición de la piratería marina como si se tratara de darle aliento publicitario a las nuevas cintas de Hollywood. El hecho es que los gobiernos, hasta el momento, creen prudente negociar con los pillos mercenarios apartándose de otras líneas, las que determinan cerrar todas las puertas a los mensajeros del terror. Y no se puede asumir, de modo alguno, una doble moral ante hechos dramáticamente conectados.

Vulnerados los aires y los mares, derrotada la seguridad global, sólo faltan las vías terrestres para acercarnos al colapso. ¿Lo tomarán en cuenta quienes tienen el deber de adelantarse a los dramas?

Polémica

En México la piratería que se persigue es, sobre todo, la de las bandas sonoras y de vídeo. Como afectan a las poderosas empresas de la comunicación masiva la coerción llega a los lindes más altos. No sucede lo mismo con los libros aun cuando tanto se habla de preservar la cultura. Este columnista, por cierto, ha padecido los efectos de la publicación clandestina de sus obras sin que las editoriales hayan podido defenderse a la altura de los daños causados. Como en todo, sólo pesan las presiones cuando vienen de los estándares más elevados y no difunden ideas ni mucho menos críticas, el espectro más temido por los simuladores.

Es curioso que la piratería de vídeos y los llamados cd´s esté marcada casi con el mismo rigor con el que se persigue a los defraudadores fiscales, aun cuando sólo sean descuidados, mientras los excesos del poder no son igualmente reglamentados, entre ellos los que derivan de decisiones discrecionales cuyos efectos ponen en peligro la estabilidad general. Con ello, claro, comienza el deterioro que va ahondándose hasta perderse las esperanzas.

Y no hace falta salir al mar para tomarle el pulso a la descomposición política y social de nuestro tiempo.

Por las Alcobas

Cuentan que un mediodía espléndido, en un pueblecillo del Yucatán eterno, una pareja de turistas norteamericanos se acercó a un joven ejidatario que tomaba el sol sobre la banca del parque:

–¿Por qué no trabajas? –le preguntaron con dejo de reclamo-.
–¿Y ustedes por qué no lo hacen? –replicó el muchacho con el sonsonete del sureste-.
–Bueno, nosotros ya estamos jubilados. Durante muchos años nos esforzamos para poder descansar ahora.
–Pues miren –concluyó el maya-, les llevo ventaja: yo ya estoy descansando.

Un pasaje para no olvidar el primero de mayo.

Web: www.rafaelloretdemola.com

Esta anotación fue escrita el Sunday 04 de May, 2008 a las 7:00 am por Rafael Loret de Mola y está clasificada dentro de: Veneno Puro, España, Nacional, Política.

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