Decae envío de remesas desde EEUU. Afectará a millones de familias en AL
El enfriamiento económico en Estados Unidos aunado a los esfuerzos por restringir la inmigración ilegal está provocando que muchos menos inmigrantes latinoamericanos envíen remesas a sus países de origen.
Un informe publicado el miércoles por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) halló que el porcentaje de los inmigrantes en EEUU que envían remesas cayó a la mitad a principios de este año, en comparación con el 73% de hace dos años.
El informe del BID revela la primera desaceleración en las remesas desde que la institución empezó a cuantificarlas hace ocho años. “A partir de 2000, los inmigrantes han estado mandando dinero a sus países”, dijo Donald Terry, el experto del banco en remesas. “Eso ahora se frenó”.
Si la actual tendencia se mantiene durante el resto del año, el número de inmigrantes que envían dinero a Latinoamérica bajará a unos 9.4 millones este año, frente a los 12.6 millones de 2006. Tal descenso podría afectar a millones de familias, desde México a Argentina, que se sostienen gracias a las remesas para cubrir sus necesidades, dice el estudio.
El Banco de México, por ejemplo, informó el miércoles que las remesas provenientes de EEUU descendieron un 2.9% durante el primer trimestre frente al mismo lapso de 2007.
“Se observará un incremento en los niveles de pobreza en América Latina que podría obligar a más gente a emigrar” a EEUU, asegura Terry.
El BID, que financia obras de infraestructura y otros proyectos en América Latina, entrevistó a cerca de 5,000 inmigrantes latinoamericanos de EEUU, legales e indocumentados, en febrero.
El sondeo halló que los inmigrantes que siguen enviando dinero a sus países mandan sumas más grandes y con mayor frecuencia, por lo que el nivel total de remesas a la región podría alcanzar los US$45,900 millones del año pasado, señaló el banco.
Razones políticas y económicas
Varios factores influyen sobre la capacidad de los inmigrantes de enviar dinero a su país de origen.
Los altos costos del combustible y los alimentos ejercen una presión desproporcionada sobre los salarios de los obreros.
Asimismo, la desaceleración de la economía estadounidense, especialmente en la industria de la construcción, ha contribuido a que el desempleo entre los hispanos crezca de 5.2% en 2006 a 7.1% en el primer trimestre de este año.
Ricardo Mejía, un organizador de jornaleros en Maryland, dice que los trabajadores que antes cobraban US$15 la hora, ahora aceptan trabajos de media jornada que pagan US$10 la hora. “Aceptan cualquier trabajo pequeño con tal de obtener dinero para su alimentación o vivienda”, dice. “Mucha gente no logra enviar dinero a casa”.
EEUU alberga a 18.8 millones de latinoamericanos adultos de los cuales casi la mitad son ilegales, según la encuesta del BID. Los inmigrantes envían a sus hogares un promedio de US$325 unas 15 veces al año.
Las remesas representan un ingreso de dólares vital para la economía de países como México y El Salvador. Sin embargo, el auge del envío de remesas a América Latina en los últimos años ha perdido fuerza; el crecimiento en 2007 fue de apenas un dígito y podría estancarse o caer en 2008.
Además de la economía, el estudio del BID resalta otro factor que pesa en la reducción de las remesas: una variedad de nuevas leyes en ciudades y estados que buscan frenar la inmigración ilegal. Casi la mitad de los inmigrantes que participaron en el sondeo de la entidad dijeron que el sentimiento antiinmigrante dificulta el envío de dinero a casa.
Manuel Orozco, experto en remesas del Inter-American Dialogue, un centro de estudios en Washington, dice que, aunque es difícil cuantificarlos, “existen factores psicológicos que inhiben el envío de dinero con más frecuencia cuando hay un sentimiento antiinmigrante”. Los factores incluyen la preferencia del inmigrante a quedarse con más dinero en el bolsillo por si pierde su empleo o es deportado.
“La hostilidad nos inquieta mucho”, afirma Ricardo Nava, un inmigrante mexicano que vive en Virginia.
De todas maneras, Nava no piensa dejar EEUU. Según el estudio del BID, los inmigrantes ganaban un promedio mensual de US$160 en su último empleo en su país. A pesar de las dificultades, seis de cada 10 planean seguir en EEUU en los próximos años.



















