- Guerra Energética
- Primera Credencial
En el México de la hegemonía priísta el jefe del Estado preparaba a su sucesor guardando las formas reverentes. “Semblantear” al mandatario, para encontrar en sus gestos y miradas la inducción salvadora, era uno de los juegos más arriesgados y mejor cotizados en el cerrado círculo del gobierno. No era, desde luego, una fórmula que exaltara al colectivo aun cuando, sin duda, confirmaba el ejercicio pleno del poder con todos y sus graves excesos. Y de un modo u otro los herederos de aquel régimen, los priístas y cuantos entonces circulaban por la oposición, siempre negociadora y convenenciera, abrevaron en aquellas fuentes. Quizá por ello son explicables los vicios que perviven.
En la actualidad, sin embargo, es menester agregar otros elementos corrosivos que, aun cuando ya existían bajo el dominio del PRI, no eran determinantes para la vida institucional: el sectarismo exacerbado, la intolerancia y la violencia verbal que puede generar la física, pasándose del cerillo a la hoguera. Y frente al escenario público es necesario igualmente considerar a la crítica, tantas veces desenfrenada, como una de las condiciones que tienden a la crispación por su uso faccioso, esto es en pro de alguna de las causas y en contra de las demás. De este punto, naturalmente, derivan las frecuentes condenas, generalizaciones al calce, sobre el quehacer periodístico: sencillamente se descalifica cuanto no coincida con el criterio de los dirigentes de un bando y otro. No encuentro vocación democrática en ello aunque se insista en ponderarla.
México se ha convertido en una olla de grillos pero exprés, esto es a fuego máximo que imposibilita la cocción correcta. La obcecación de cada grupo y partido por considerar suya la razón absoluta y señalar las perversidades sin cuento del contrario, asumiendo que se representa así a “los mexicanos” como si los demás no existieran, destapa una incontenible virulencia que no parece abatible en términos de civilidad. Acaso tal es la razón por la que los debates no funcionan porque, en el fondo, cada ponente intenta imponer s criterio sobre los demás sin admitir razón alguna en su oponente.
Legislar debiera ser consecuencia de razonar y no de guerrear banalmente. En el pasado cercano, cuando la dictadura priísta dominaba, el Congreso funcionaba a golpes de mayoriteo y en consonancia con los designios presidenciales. Llegó incluso a subrayarse el honor que representaba para los miembros del partido gobernante el ser llamados por el primer mandatario “sus” diputados y “sus” senadores. Por cierto, si trasladas este escenario a las calles escucharemos la misma terminología en voz del abanderado de la resistencia quien subraya la extensión de su influencia diciendo que los legisladores perredistas son, sencillamente, “suyos”. ¡Y mal haya quienes renuncien a esta condición desde las filas de la izquierda!
Es interesante destacar que la disidencia resistente exigió debatir, con el propósito de retrasar y tomar nuevas posiciones, sobre la reforma energética. No hubo una sola voz que, por ejemplo, llamara a la consulta nacional aun cuando Andrés Manuel López Obrador, desde el centro neurálgico de la oposición, se caracterizó en el arranque de su gestión como jefe de gobierno en el Distrito Federal por solicitar el aval de la ciudadanía hasta para resolver si se debían o no respetar los husos horarios. Esto es sumamente revelador acerca de las mutaciones sufridas en los frentes de “guerra”, o en los largos “ayunos” callejeros, por quienes permanecen en la trinchera de la presión intolerante, consumiéndose también.
La derecha en el poder, encabezada por un zigzagueante mandatario que reacciona con tardanza a las acciones de sus opositores y se empeña en no rectificar aun cuando se muestre generoso extendiendo los plazos –es decir sin la menor intención de vindicar las posturas de la ruidosa disidencia-, cae en la misma postura. Hace mucho tiempo olvidó, según los indicios, que no fue votada por la mayoría sino por una minoría que no pasó del 35 por ciento del electorado considerando los cuestionables escrutinios oficiales. Y asume que cuenta con el respaldo “mayoritario” en la misma línea del desbordado líder del Frente Amplio. La diferencia tan solo estriba en la parafernalia gubernamental al servicio de los grandes aliados del establishment. Los mismos ayer y hoy por si alguna duda queda respecto a la efectividad del continuismo con alternancia conveniente.
El origen de las intolerancias mutuas es, sin duda, la ausencia de argumentos convincentes sobre las iniciativas en cierne de la clase política, cualquiera que sea el signo partidista, que dicen representar a una sociedad silente y sólo considerada en el frenesí de la retórica barata.
Mirador
En México vivimos la “guerra del petróleo”, entre los extremismos de derecha e izquierda, basada en si se debe o no resolver los apremios administrativos de una paraestatal mal operada comprometiendo la riqueza de nuestro subsuelo, patrimonio histórico del país; y en España, en esta mima hora, la discusión se cierne sobre la “batalla por el agua” que mantiene en alerta al este de la península ibérica por los distintos parecerse, de un signo a otro, sobre la disponibilidad de los cauces del Ebro para llevar el líquido vital a una necesitada Barcelona. En nuestro país la izquierda subraya que se pretende saquear a los mexicanos con una disfrazada subasta de las reservas petroleras en beneficio de los clanes multinacionales plagados de prestanombres. De hecho, el proyecto no es nuevo ni es ahora cuando se pretende ponerlo en marcha. Desde el régimen de Carlos Salinas, empeñado en combatir el gigantismo estatal a golpes de concesiones cuyos beneficios se extendieron a los grandes favoritos de aquel régimen –los mismos nombres nos aparecen en los cuadros actuales-, se festinó la reordenación de las finanzas gracias al superávit registrado por la administración federal por efecto de la venta de paraestatales y de los altos precios del crudo. Una perspectiva muy parecida a la de hoy.
En España la izquierda quiere premiar a los catalanes cuyo caudal de votos fue definitivo para la reelección de José Luis Rodríguez Zapatero en la presidencia del gobierno con la bendición del Rey. La condición de socialista y defensor del laicismo estatal debió jurar su cargo, por cierto, ante un crucifijo de oro y una Biblia que perteneció a Carlos IV en pleno regocijo “democrático”. Llevar agua a la ciudad condal, en donde el nacionalismo catalán se atrinchera cada día, aunque se margine a otras regiones igual o mayormente necesitadas –Valencia y Murcia, sobre todo-, tiene peso y signo políticos inocultables.
La derecha en México dispone de la historia y de nuestros recursos naturales bajo el supuesto de interpretar así a la “inmensa mayoría” de los mexicanos jamás consultada sobre el punto específico. Bien se cuidó Felipe Calderón, durante su prolongado periplo electoral, de considerar la cuestión del petróleo, en cuanto significaba regresar parte del dominio sobre éste a los inversionistas privados, para no levantar polémicas que podría perder sobre las urnas. Y eso que el esquema estaba listo desde el periodo de Ernesto Zedillo quien habilitó para ello a su entonces secretario de Energía, Luis Téllez Kuenzler, a quien deberíamos considerar todos el “puente de la continuidad”. Sobre él pasan y pesan todas las evidencias.
Entre los miembros del derrotado Partido Popular en España, derechista, cunde el propósito de señalar al gobierno en funciones por el “transvase” del Ebro, esto es por utilizar agua de esta fuente para abastecer a la inmensa urbe catalana y en vísperas, nada menos, de la esperada Expo de Zaragoza cuyo fundamento es, por supuesto, el líquido vital. Esto es, se oponen a remediar la emergencia e insisten en que hay “otras maneras” de resolverla aun cuando se ha demostrado lo contrario. Sin mítines callejeros de por medio, la obcecación sectaria es la misma… sin el menor aval colectivo.
La democracia no puede seguir funcionando a base de interpretaciones.
Polémica
La clase política, obcecada, es la que se reparte el pastel mientras la sociedad permanece en estado de indefensión. En ese punto, por desgracia, ha anclado la pretensión democrática. Sobran los intérpretes, faltan quienes respeten la soberanía popular, un término extraviado, acaso incluso caduco, en las mentes de quienes consideran la modernidad como oportunidad para desdeñar los debates y asegurar los intereses macro en donde, claro, se concentran los grandes caudales. Consorcios sí, pueblos no. Tal parece la consigna.
Se confirma, una vez más, que los políticos y los partidos que los aglutinan van quedándoles chicos a una sociedad que madura lentamente. Algunos consideran imperativo asegurar el estado de cosas mientras la ciudadanía no esté bien informada. Muy conveniente, por supuesto, para la elite mandante cuyas decisiones se toman como antes lo hacían los curas de pueblo para extender la censura sobre las expresiones artísticas y cinematográficas considerándose que sólo ellos tenían capacidad ara discernir.
Más allá de la guerra del petróleo, relevante sin duda por su carga histórica innegable, pervive el eterno diferendo entre quienes consideran que los pueblos deben permanecer bajo la tutela de los poderosos y cuantos insisten en que las sociedades ya han alcanzado madurez plena.
Por las Alcobas
Los debates sobre la propiedad del petróleo nos remiten, sin remedio, al general Lázaro Cárdenas. Curiosamente el concepto de presidencialismo comenzó con él tras haber extinguido al “maximato” callista. Ya en sus años finales, el gran michoacano –para muchos el mayor de los mexicanos del siglo XX-, se permitió una confidencia.
–Ya saben ustedes –dijo- que yo fundé el Partido de la Revolución Mexicana y no al PRI que le sucedió.
Los contertulios se bebían las palabras, siempre solmenes, de quien fue llamado “la esfinge”:
–Por eso cuando me mandaron mi credencial de afiliación al PRI, la número uno, la rechacé. No soy priísta, por tanto, en el sentido estricto.
Explicaría después que mantenía serias diferencias conceptuales y en la praxis con la dirigencia priísta. Y murió en consonancia con ellas.



















