Al menos 45 personas murieron en un atentado suicida perpetrado el jueves durante una ceremonia fúnebre en una aldea sunita del norte de Irak donde la red fundamentalista Al Qaida está fuertemente implantada, informó un jefe policial.
El kamikaze hizo estallar su carga explosiva hacia las 11H00 (08H00 GMT) en medio de la multitud congregada en la aldea de Bu Mohamed, a 120 km al sur de Kirkuk, indicó el capitán de policía Abdalá Jasem. Un testigo, Imad Abdalah, primo de los fallecidos, que sobrevivió a la explosión, contó a la AFP que el kamikaze detonó su carga en la tienda donde estaban reunidos los aldeanos que venían a dar su último adiós a los hermanos.
El atentado, el más letal cometido en Irak desde hace un mes, dejó también numerosos heridos.
Se produjo cuando decenas de personas asistían a una ceremonia en memoria de dos hermanos miembros de una milicia que lucha contra Al Qaida muertos dos días antes.
La familia de los dos muertos había recibido amenazas de miembros de Al Qaida en Irak que buscaban disuadirlos de organizar la ceremonia, refirió un responsable policial, que pidió el anonimato.
Se trata del peor atentado desde el del 17 de marzo en la ciudad chiita de Kerbala (sur de Bagdad), que dejó 52 muertos.
Se produce además dos días después de la jornada de atentados particularmente sangrienta del martes, que dejaron más de 50 muertos en ciudades donde Al Qaida se mantiene operativa.
Ese día, un coche bomba mató a por lo menos 40 personas en Baquba, a 60 km al noreste de Bagdad. Un kamikaze también acabó luego con la vida de otras 13 personas en un restaurante de Ramadi, a 100 km al oeste de Bagdad. Y en Mosul, a 370 km al norte de Bagdad, dos coches bomba provocaron la muerte de doce personas.
La aldea Bu Mohamed, donde se produjo la matanza del jueves, está situada a proximidad de las montañas de Hamrin, que sirven de refugio a grupos afiliados a Al Qaida en Irak.
Una guerra sin cuartel enfrenta a los seguidores de Osama bin Laden con los combatientes sunitas que se plegaron en los últimos meses a las fuerzas estadounidenses en Irak.
Esos combatientes, pertenecientes a diversas milicias, son en su mayoría ex insurgentes que luchaban contra las tropas norteamericanas.
Pero la comandancia norteamericana consiguió que cambiasen de bando, con atractivos financieros, y alistarlos en la lucha contra Al Qaida, junto al ejército iraquí y a unidades estadounidenses, sobre todo en el norte del país.
Esos milicianos, que según estimaciones estadounidenses suman 80.000 miembros, se convirtieron en blancos privilegiados de los grupos extremistas, que los acusan de traidores.














