¿Quién será capaz de garantizarle a México la gobernabilidad, el crecimiento económico y la seguridad pública?
O peor aún, plantear un escenario como el que me comentó la actriz Raquel Pankowsky:
“Ni Felipe nos va a sacar del hoyo, ni el peje nos va a meter al hoyo, ni Madrazo va a acabar con la inseguridad…”
Parece que faltó que Manuel Bernardo Aguirre, ex secretario de agricultura durante el sexenio de Luís Echeverría terminara la frase diciendo: “…sino todo lo contrario”.
La percepción en el país se resume a que el próximo Presidente de la República tendrá que realizar un esfuerzo enorme para garantizar la gobernabilidad y sobre todo para hacer un contundente llamado a la reconciliación Nacional.
Despierta México el 3 de julio, los sueños fueron confusos al igual que los conteos rápidos, el ánimo no es igual para todos ya que el 66% del electorado no tiene nada que festejar. Ese día nos encontraremos con una especie de resaca y por fin, al unísono, podremos comprender que el actual sistema electoral, los partidos y los mismos candidatos no tienen una estructura sólida que otorgue plena confianza.
No solamente tendremos una “cruda”, sino básicamente este proceso nos dejará un trauma, una herida que tardará en sanar. Los mexicanos fuimos seriamente asaltados por unas sucias, millonarias e interminables campañas, y lo peor es que salieron de nuestros bolsillos. Todos los candidatos, obsesionados por la comunicación se metieron en la intimidad de nuestros hogares, de nuestros trabajos; se apoderaron de nuestra vida social y nos dividieron incluso familiarmente. Nos violentaron miles de veces, a la misma vez que nosotros en fenómeno de espejo agredíamos a “los otros”, a los que piensan “diferente”, ¿cuánta división y decepción nos falta para comprender que la unidad es lo único que nos podrá sacar del letargo?
Los mercenarios de la política y de la mercadotecnia hicieron campañas asesinas, nos bombardearon con spots de radio y televisión, espectaculares, pendones, pintas en bardas, etc. No por tres meses, que ya me parece un proceso largo, sino por AÑOS como en el caso de López Obrador, todas las mañanas escuchamos sus “chuscadas”, y usó la tribuna que le otorgó la mayoría de los capitalinos para promoverse y no para gobernar con responsabilidad; desde ahí comenzó a dividirnos, a descalificarnos como lo hizo en la Marcha Contra la Inseguridad, y sobre todo desde ahí marcaba la agenda del día, soltaba la zanahoria y todos, empezando por el presidente, le daban seguimiento a sus ocurrencias; también desde esa plataforma fuimos testigos de cómo bateaba a los reporteros con una respuesta brillante: “lo que diga mi dedito”, demostrando por supuesto la estatura de educación con la que cuenta.
La clase política mexicana no ha madurado, y nosotros con ella tampoco, han y hemos permitido que muestren cómo se disputa el poder por el poder.
La solidez de los proyectos brilló por su ausencia, solo podemos evocar la guerra sucia y en ella: el “cállate chachalaca”, los videos de Ahumada con Bejarano, Ponce, Imáz y Sosamontes; las casas de Montiel, los departamentos de Madrazo, las pugnas con Elba Esther, el spot de un delincuente orinando, el gober precioso, los hijos de Marta, el cuñado de Felipe, spots con las armas y amenazas de Chávez, las desbandadas, el trapecismo político, las deslealtades, las encuestas manipuladoras y otras descalificadas cuando no favorecían a alguno; y casi no podemos recordar las propuestas para el desarrollo óptimo de México, al contrario, si cerramos los ojos solamente podremos recordar la ambición por posicionarse a costa de lo que sea, incluso del miedo y de la parálisis en la inversión nacional y extranjera.
Los candidatos presidenciales no pudieron privilegiar la solidez de sus proyectos políticos, en cambio se volvieron marcas que se vendían al precio de spots grotescos y junto con ellos nos volvimos artículos de consumo, objetos, costales de carne y hueso con cara de voto.
En esta contienda parece que lo único rescatable fue el humor involuntario que derrocharon una y otra vez, el presidente Vicente Fox se llevó las palmas de oro, le siguió el peje, pero nadie se salvó, las declaraciones y frases desafortunadas abundaron en todos los partidos, en las cámaras, en los foros y en los pasillos, desatinos que en nada fortalecen la consolidación de una cultura democrática, y ¿qué se puede decir del show que nos ofreció el PRD a últimas fechas, llevando tres cajas semivacías en un diablito a la casa de campaña de Felipe Calderón? Teatralidad absoluta, seriedad cero.
El panorama para el tres de julio es desolador, y puede ser mayor si nos vamos al conteo electoral histórico de México, en ese contexto acudirían a las urnas solamente el 40% del padrón.
El IFE tiene registrados a 71 millones de personas, de los cuales votarían aproximadamente 28 millones. Así las cosas, en el sistema tripartita en el que vivimos, solamente 9 millones de almas decidirán quien gobierne a 103 millones de mexicanos.
Nueve millones tendrán algo qué festejar, el resto será el saldo que dejó la clase política mexicana en esta contienda, la de electores asqueados por campañas asesinas que una vez más desvirtuaron el servicio público y el oficio político.
Estamos a tiempo, aún en la puerta de una elección muy cerrada, de entrar al “club de los optimistas” transitamos en vías de apostar por la inteligencia de México para que el próximo dos de julio acudamos a votar más del 60% del electorado. Esta contienda es la más cara, pero también la más informada de la historia de México, y sí, el miedo prevalece, el miedo a López Obrador y a sus políticas divisorias e irresponsables.
El reclamo ciudadano es claro, pero traduciéndolo a la insensibilidad de los políticos de todos los partidos les pronunciamos que: su pesadilla o su sueño está por concretarse.
Esperamos que se encuentren satisfechos por haber asaltado nuestras mentes, corazones y bolsillos. El resultado les dio rehenes y no simpatizantes. La mayoría en este país no se identifica con ustedes, y menos con el que polariza, con el que no tiene visión de futuro, el que indignó descalificándonos a un millón y medio de almas vestidas de blanco el 27 de junio del 2004, hace exactamente 2 años, esta marcha fue un auténtico reclamo contra la inseguridad y no le pareció, este es el mismo personaje que en octubre del año pasado, ante la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión nos dijo: “…voy a desaparecer la flota presidencial, porque no es necesario salir del país, para eso está el teléfono…” El Sr. Andrés Manuel López Obrador no mencionó ni siquiera Internet, por favor que alguien le informe que la globalización es inminente y aprovechando el viaje, recuérdenle que los empresarios, a los que tanto odia “los de arriba”, generan el 80% del PIB .
En la “cruda” del tres de julio, señoras y señores políticos, hagan por favor un acto de contrición, y si no creen en un poder superior, cuando menos apelen a la ofensa que le hicieron a México con esas campañas sangrientas. En ellas se ofendieron a sí mismos, a sus hijos y a todos nosotros. La lección por lo tanto se quedará en la memoria colectiva: Necesitamos reinventar el sistema electoral, modificar los tiempos, los gastos excesivos y a los mismos partidos junto a sus candidatos para que no festeje solamente un tercio, sino una mayoría.
México somos 103 millones de personas, un todo, no un tercio; quien pretenda dividirnos no es un estadista, sino un demagogo.
Nos vemos en las urnas.















June 28, 2006 a las 11:15 am
“[…] Está verdaderamente orgulloso del equipo de colaboradores que ha logrado. Es gente muy eficiente; inteligentes, honrados cuando hace falta, sucios sin que los descubran …[…] “Conseguí y pagué un dominio de Internet cuya propiedad permanezca oculta”, le dijo ella, la predilecta, “monté toda la base de datos del IFE y se lo envié a una periodista amiga, tú sabes quién es ella, después habremos de recompensarla”. Él le preguntó si ya salió la noticia al aire, y ella dijo que no, que mañana temprano, que para darle dramatismo la contraseña puesta será Hildebrando117, remató con ironía. En verdad son pendejos […]”.